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Impulso al hurto: cleptomanía

Publicado por María Gómez

Están en el centro comercial, son personas aparentemente equilibradas, percibidas como “normales”. Incluso, suelen tener una buena apariencia en ocasiones. Estás en una tienda de complementos y, de repente, ves que la señora que tienes al lado, se mete un pañuelo de la tienda en el bolsillo interior del abrigo. Sin pagarlo, claro.

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Podrías pensar que es una ladrona de libro, y puede que así sea. Pero lo también cabe la posibilidad de que se trate de una cleptómana. Es una más de aquellas personas incapaces de resistirse al impulso de hurtar. Sienten deseos irrefrenables e intensos de entrar en un comercio y llevarse algo, sin previo pago. Su motivación no viene derivada de una necesidad, ni por revancha.  En realidad, actúa por impulsos y sin control.  En un primer momento empieza con hurtos de pequeños objetos y de escaso valor pero, poco a poco, van aumentando el valor del botín ya que así experimentan una emoción mayor,

Una vez cometido el delito suelen acumular los objetos robados aunque también es frecuente que los regalen, y es que no son los objetos el móvil  por el que se mueven sino la intensa excitación emocional en los momentos previos durante la acción y una vez cometido el robo.

Se baraja la posibilidad de que la causa de estos comportamientos se encuentre relacionada con conflictos internos que producen un desequilibrio emocional.

Así, es frecuente que los individuos cleptómanos también tengan relación con drogodependencia, depresión y cualquier aspecto relacionado con la ausencia de control de los impulsos.

Siempre que la persona reconozca su problemática, será posible un tratamiento que conjuga la intervención psicológica y la psiquiátrica.

La primera se basa en prohibir desde el primer momento la conducta del hurto, la sustitución del impulso por robar por otras destrezas o habilidades destinadas a neutralizarlo, encontrar el origen de la conducta en el contexto terapéutico y, por supuesto, el tratamiento de los problemas o trastornos asociados. 

La segunda deberá ser valorada por el médico especialista que prescribirá los medicamentos adecuados para cada caso. Algunos fármacos atenúan el ímpetu, pero han de ser cuidadosamente seleccionados.

Además, de manera proactiva, el individuo puede colaborar activamente para abandonar el hábito de hurtar. Poniendo en práctica técnicas de autocontrol, evitando la injesta de sustancias excitantes de todo tipo, buscando ayuda en familiares y/o amigos, realizar una integración en algún grupo de cleptómanos anónimos y resolviendo todos aquellos conflictos o bloqueos que se arrastran desde la infancia.

Como complemento, a nivel alimentario, hay ciertas sustancias que resultan beneficiosas para disminuir el impulso cleptómano. Nos referimos al triptófano, presente en cereales integrales, legumbres y tubérculos; y al folato, o ácido fólico, vitamina B presente en los garbanzos, las lentejas y el kiwi.

Por tanto, no se debe confundir a un ratero ladrón con un cleptómano. Aunque en no pocas ocasiones los primeros se hacen pasar por los segundos para presentar una defensa basada en este atenuante en un juicio por robo.

Finalmente, apelamos a la responsabilidad de cada persona en el desarrollo de comportamientos, y a la empatía como defensa ante cualquier atisbo de conductas que repercuten en los otros.

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