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Antropofagia Urbana

Publicado por Malena

Los medios de comunicación y sus noticias no dejan de sorprendernos. En un lugar del mundo aparentemente civilizado, un hombre le arrancó una oreja a otro en una pelea y luego se la comió.

Antropofagia Urbana

La discusión se basaba en una diferencia de opinión sobre la supuesta diferencia de sabor entre la cerveza en botella y la misma bebida en lata. Los dos estaban ebrios.

Esta imposibilidad que tienen algunas personas para resolver sus controversias por medio del diálogo y en cambio irse a las manos para que se respete su postura, es una actitud que vemos todos los días en todos los niveles de la sociedad, aún sin necesidad que medie el alcohol.

Todavía hay mucha gente que está muy lejos de tener un cambio de opiniones sin mostrar los dientes y exponer las razones que respalden su forma de pensar, aceptando que el oponente puede quedarse con su opinión.

Hay innumerables causas para que ocurran estos hechos; la más importante es la ignorancia y la falta de educación pero también existen causas psicológicas que forman parte del inconsciente colectivo.

Según Carl Gustav Jung, en el inconsciente colectivo se encuentran registradas, no solamente la historia individual del sujeto, sino también toda la historia de la humanidad, sus tradiciones, su folklore y sus símbolos.

El hombre, cuando adquiere conocimientos, no son nuevos para él sino que sólo está recordando lo que tiene en su inconsciente.

La antropofagia y su significado, existió en muchas culturas antiguas y puede que aún subsista en algunos grupos humanos primitivos, formando parte de sus rituales sagrados, supuestamente necesarios para satisfacer a sus dioses, o para lograr el dominio de la naturaleza y preservarse de los desastres naturales.

Comerse al otro es básicamente satisfacer una necesidad pero también puede simbolizar querer poseer a la víctima, hacerse dueño de su voluntad, o deshacerse de ella para siempre.

El pabellón de una oreja tiene la función de evitar la interferencia de sonidos que están fuera del campo auditivo, por lo que sin esa parte este órgano no podríamos focalizar bien nuestra atención.

Podría llegar a interpretarse, tratando de buscarle sentido al sin sentido, que el atacante considera que privar al sujeto de esa importante función es irrelevante porque su oponente igualmente no escuchaba sus razones.

En cuanto a la saña y crueldad de su acto, tenemos muchas pruebas en la historia de la capacidad que tienen los hombres de infligir tormentos.

Algunos homicidas que sufren de epilepsia suelen matar a sus víctimas con veinte puñaladas, cuando es suficiente hacerlo con muchas menos. Se supone que en estos casos es el automatismo propio de un ataque epiléptico que se desencadena usualmente en situaciones de emoción violenta.

Pero no todos los actos crueles son producto de lesiones cerebrales. Antiguamente, la pena de muerte en la horca significaba una festividad, donde el pueblo tenía la oportunidad de participar con agrado a la exhibición de la ejecución.

El sufrimiento es el polo opuesto del placer y entre ellos hay solamente una diferencia de grado porque ambos polos conforman una unidad. Tanto el placer como el dolor no existirían sin su contrario.

Afortunadamente, el amor también es el polo opuesto del odio y el hecho de que el mundo todavía no haya sido destruido a pesar de los aún frecuentes actos de barbarie, es una prueba del triunfo de la fuerza del amor.

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