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Cuando comer no es un placer

Publicado por María Gómez

Normalmente, comer es un placer. Además, es vital. Necesitamos nutrientes para que la máquina funcione como debe. Además, hay alimentos que nos protegen de enfermedades, que nos levantan el ánimo y hay sabores que nos deleitan el paladar haciéndonos olvidar que hemos tenido un mal día.  El acto de comer suele ser satisfactorio, sobre todo, si lo practicamos en buena compañía.

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Pero no podemos negar la evidencia. A veces, (no) comer se convierte en un problema y la comida en un demonio. En efecto, cuando la ingesta de alimentos se convierte en un problema produciendo un deterioro en la salud física y mental, estaremos ante un trastorno de la conducta alimentaria. Éste sí es un gigante maligno que invade todas las esferas de la vida de una persona.

Hay trastornos de diversa naturaleza pero todos comparten ciertas manifestaciones de índole psicológica que subyacen a la propia enfermedad: baja autoestima, inseguridad, identidad difusa, perfeccionismo extremo, elevada autocrítica, alto nivel de exigencia o personalidad endeble, entre otras.

A todos nos sobrevienen de inmediato términos como anorexia nerviosa o bulimia puesto que son los más comunes y frecuentes. Incluso, los medios de comunicación les han dedicado espacios debido a la importancia que han adquirido en las últimas décadas.

No obstante, existen otros trastornos quizá menos conocidos por tratarse de patologías de nueva aparición sin parámetros establecidos. Nos referimos a:

  • Ortorexia

Se trata de pacientes obsesionados con la comida sana y ecológica. Suprimen todos los alimentos que no consideran como tales sin sustituirlos por otros que les aporten los mismos nutrientes. Los primeros alimentos que no pasan la criba suelen ser las carnes y las grasas. Por el contrario, no tienen ningún problema con las cantidades.

Como orientación, hay disponible un test llamado Test del Doctor Bratman cuyo número de respuestas afirmativas es indicador del grado de preocupación por la alimentación sana.

  • Síndrome del comer selectivo

Si una persona limita los alimentos que ingiere, sin base científica, a un número reducido de productos, los cuales va disminuyendo paulatinamente hasta llegar a cinco aproximadamente, entonces puede que presente este síndrome. Llegan a no tomar nada si no disponen de ninguno incluido en su selección. Puede que el síndrome vaya acompañado de cuadros de ansiedad, obsesiones, problemas afectivos, etc.

  • Trastorno del atracón

Se produce cuando se come mucho de manera descontrolada en un corto periodo de tiempo. Muy frecuente en personas con obesidad, no suelen compensar esta conducta con otras como ejercicio, provocación del vómito, o el uso de laxantes. Aislados sociablemente por motu proprio, suelen presentar comportamientos de tipo depresivo.

  • Vigorexia

A pesar de no ser estrictamente alimentario, sí se trata de un trastorno mental relacionado con la preocupación por la figura. Realizan ejercicio de manera desmesurada unido al consumo d anabolizantes o esteroides para lograr una musculatura superlativa. Viven en, para, y por el gimnasio causando la ruptura de relaciones amistosas, amorosas y familiares en caso extremos.

Como es habitual, recomendamos a las familias atender a los indicios y los signos que hacen presagiar que algo no va bien. Siempre es mejor detectar los trastornos lo antes posible para poder intervenir en las fases iniciales. Así, la curación es, al menos, más probable.

Confíe una vez en los profesionales de la salud para que le orienten, le dirijan, y le instruyan con el único fin de asegurar un restablecimiento integral de la persona enferma.

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