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Deja el móvil a un lado, alto al “phubbing”

Publicado por María Gómez

Por fin llega el fin de semana y el grupo de amigos se ha citado para cenar. Estás deseando que llegue la noche porque con ellos siempre lo pasas en grande y sabes que la noche promete. Se acerca la hora de salir, te duchas, te arreglas, y no olvidas coger tu smartphone, eso nunca. Os saludáis efusivamente en la puerta del local y entráis para tomar asiento en la mesa previamente reservada. La conversación se anima desde el inicio pero, de repente, se te ocurre preguntarle a uno de ellos algo acerca de un viaje que tienes planeado y no te responde. Piensas que no te oye con todo el barullo aunque está situado bastante cerca de ti. Subes un poco el tono de voz y repites la pregunta. Silencio, de nuevo. Con un nivel de fastidio medio, decides levantarte de tu silla, dirigirte hacia él y cogerle abruptamente el teléfono que tiene entre las manos, En realidad, tus instintos te empujan a estamparlo contra la pared, pero te controlas como persona racional que eres. Le indicas que vas a custodiar el teléfono durante unos minutos, los mismos que dure vuestra conversación.

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Sí amig@, has vuelto a ser víctima de phubbingTe han ignorado en plena reunión porque la compañía del smartphone te ha ganado la batalla. Pero lo más triste de todo, es que si echas un vistazo a las otras mesas del local serás testigo de que en casi todas alguien está padeciendo el mismo menosprecio. Es más, no te costará mucho recordar alguna situación en la que tú mism@ prestaste más atención a tu aparato electrónico que a alguien de carne y hueso, cuando te convertiste en “phubber”.

Puede que sólo sea una cuestión de mala educación o, quizás de evasión, el caso es que, en la era de la comunicación, estamos desconectándonos cada vez más unos de otros, del mundo real, del contacto físico, de la expresión de sentimientos y emociones. Por no hablar del efecto que causa en los niños y adolescentes que aprenden a base de imitar modelos, de hacer aquello a lo que están acostumbrados a ver en su entorno. No sabrán cómo comunicarse en la edad adulta, ni afrontar entrevistas de trabajo, ni aconsejar a un amigo que necesite apoyo. Un gran desastre mundial se avecina si no hacemos algo al respecto.

No podemos permitir que las relaciones cara a cara y sus interacciones se diluyan porque entonces perderemos la práctica de comunicarnos, de expresarnos, de entender al otro. Demos el primer paso. Serán suficientes unas pocas pautas para retomar el contacto cara a cara, sin pantallas ni aplicaciones.

  • Olvida que existe el móvil cuando estés con amigos, familia, en reuniones, etc. Te sorprenderá lo rápido que adaptas a no consultarlo cada treinta segundos.
  • No aceptes que otros lo utilicen en las mismas situaciones. La presión social a veces es efectiva en la modificación de conducta.
  • Vuelve a disfrutar de las relaciones directas: de las risas, los intercambios, las conversaciones y las historias. Eso sí queda grabado en la memoria.
  • Descubre la importancia y la  de escuchar a los demás y de que te escuchen.

Sé consciente de que mientras estás con el móvil o la tablet en la mano, te estás perdiendo algo infinitamente más divertido e interesante que no podrás recuperar. La vida se construye con momentos.

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