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El sesgo Dunning-Kruger: incompetentes en acción

Publicado por María Gómez

De nuevo, la Psicología explica el comportamiento humano, por raro que pueda parecer a veces. Nos  encontramos ante una tesitura demasiado común. Lo más probable es que, tras leer estas líneas, puedas poner  una cara conocida a este efecto. Puede que solo tengas que mirarte al espejo. De nuevo, nuestro cerebro juega con nosotros a su antojo.  Hoy nos centraremos en un sesgo cognitivo llamado el efecto Dunning-Kruger.

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Allí donde reina la ignorancia se torna harto difícil reconocerla, sobre todo la de uno mismo. En realidad, es mucho más fácil y más agradable percibirse y describirse  a uno mismo como una persona con grandes capacidades, llena de conocimientos y rebosando increíbles habilidades. Esto, al menos es lo que creemos, nos proyecta como seres atractivos e interesantes lo que facilitará entablar relaciones de todo tipo. Pero  no es más que un espejismo. Es paradójico que esa torpeza provoque una alta autoestima aunque, de hecho,  sea de naturaleza ilusoria. Claro está que se ha demostrado en numerosas ocasiones a lo largo de la historia que cuanto más sabemos menos pensamos que sabemos. Esta es la clave de la sabiduría: suponer que nuestro foso de conocimientos siempre estará por llenar.

Recuerda el último incompetente que se ha cruzado en tu vida. Ese al que se le llenaba la boca despreciando a los  que superaban claramente su nivel mientras que él mismo no cesaba de sobreestimar sus escasas dotes. Hasta tiene la osadía de erigirse como experto. En definitiva, nos encontramos frente a personas que parecen presentar una ceguera incurable frente a las habilidades y competencias de los demás, aun cuando éstos les superan en aptitud de una manera escandalosamente obvia. 

Es la propia incompetencia la que te hace ser inconsciente de la misma. Es frecuente, encontrarnos con expertos en alguna materia que no osan categorizar o afirmar rotundamente nada relacionado con esta materia, al mismo tiempo que otra persona totalmente  iletrada  en ese ámbito se atreve a enunciar verdades absolutas.  

Pero afortunadamente no está todo perdido porque es posible llevar a cabo un entrenamiento que permita a la persona tomar consciencia de sus limitaciones para afrontar y aceptar la realidad individual y de los demás. El primer paso consistiría en hacer una pequeña cura de humildad al reconocer la imposibilidad de saber todo sobre todo.

Estas personas suelen resultar cargantes y es posible que fracturen tu equilibrio psicológico si mantienes contacto demasiado continuo. No olvides que la secuela también la sufren los demás en caso de tener tú el dudoso honor de ser el prototipo de este sesgo. Con todo,  el consejo de hoy se bifurca en dos direcciones. La primera se dirige hacia un autoanálisis honesto y sincero de nuestras capacidades aceptándolas como son y descubriendo el camino para mejorarlas en caso de que sea nuestro objetivo. La segunda ramificación alude a la conveniencia de ser precavidos con respecto a aquellas personas que se empeñan en dejar patente lo mucho que saben lo bien que hacen y cuánto dominan tal o cual asunto. Puede que te encuentres ante un perfecto modelo del efecto Danny Krueger.

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