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La ética del psicólogo

Publicado por María Gómez

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Todos los ámbitos laborales están formados por saberes teóricos y prácticos que han de ser, idealmente, dominados por quienes decidan decidan dedicarse a uno concreto. El ejercicio de estos saberes se hace visible en el desempeño de cualquier profesión.

Asimismo, se consideran inherentes unos principios bajo los cuales se rigen las actividades que se realizan. Estos principios se paran las buenas prácticas de las manas y es lo que globalmente se conoce como ética profesional.

En el caso de la psicología, consideramos que siendo su centro de interés y de intervención directa el ser humano. es una ciencia social y humanística que debe tener unos fundamentos firmes, consolidados y compartidos por toda la comunidad que la integra.

Por tanto, el psicólogo, en la misma medida en la que se infiltra en la intimidad más profunda de las personas, debe ser cuidadoso, respetuoso, considerado, tolerante, cortés y humilde, por nombrar solamente algunos de los adjetivos que deben acompañarle. Es decir, además de ser , es preciso que sea superlativo en relación a su ética personal.

Lamentablemente, este punto no siempre se enseña o se plantea en las universidades, hecho que no se entiende ya que su importancia es indiscutible y seguramente, su reflexión ahorraría más de un quebradero de cabeza.

A continuación, vamos a definir algunos de los rasgos que un buen psicólogo no debe descuidar sino que más bien ha de interiorizar en su personalidad misma con el fin de no manchar esta bonita profesión.

Es muy importante formarse adecuadamente para realizar diagnósticos certeros basados en evidencias contrastables incluso por otros colegas. Además, mostrar una apertura hacia la formación continua y reciclarse profesionalmente así como preocuparse por mantener actualizados los conocimientos, aseguran una buena base.

Por otro lado, asegurar la confidencialidad de las sesiones y de los casos es obligatorio. Bajo ningún concepto se podrán compartir con otros profesionales o con personas de nuestro entorno sin el expreso consentimiento de los pacientes.

Debido a la naturaleza de esta profesión, no podemos disociar la vida profesional de la personal. En este caso, el psicólogo deberá exponer un modo de vida moral acorde con las expectativas y las obligaciones de ser psicólogo causado por su no siempre escogido pero inseparable papel de modelo de conducta en la  sociedad.

Es por esto que cuando un psicólogo quebranta el código deontológico o se aprovecha de su estatus en relación a algún paciente, el delito es considerado más grave.

Un buen psicólogo ha de procurar buenas relaciones con otros profesionales del sector compartir sus conocimientos e incluso solicitar la colaboración o la ayuda de un experto en un trastorno determinado.

En cualquier caso proporcionarán respeto constante a sus pacientes permitiéndoles decidir libremente sobre aquellos aspectos que no requieren intervención profesional sin coacciones ni influencias improcedentes.

A terminar instamos a todos los profesionales de la Psicología para que, al menos semestralmente, realicen un autoanálisis y una autovaloración del desempeño de su trabajo así como de aquellos aspectos susceptibles de ser mejorados tanto a nivel profesional como personal.

No sólo hay que aparentar ser confiable, sino serlo. Más aún, sentirlo.

 

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