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Stop control

Publicado por María Gómez

Cuando nos detenemos a pensar sobre la manera en la que funcionamos, lo más seguro es que nos sorprenda la necesidad de tener bajo control la mayoría de los aspectos relacionados con nuestra vida. Así, cuando algo no sale como queremos o esperamos nos invade una ola de frustración y de decepción. Es normal tener pequeñas manías que nos proporcionan seguridad o nos ayudan a optimizar recursos o tiempo.

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Sin embargo, si estas manías se acentúan hasta el punto de convertirse en obsesiones, entonces influirán negativamente en la vivencia. Situaciones de crisis o de inestabilidad social, económica o personal pueden desencadenar la agudización de la necesidad de controlar todo para minimizar el fenómeno de incertidumbre. Seguro que te viene a la mente alguien cercano que no cesa de decirle a todo el mundo que le rodea qué tiene que hacer, cómo debe hacerlo impidiendo que el otro actúe de manera autónoma y generando así una dependencia que les obligar a permanecer al amparo del controlador.

Por fortuna, siempre se está a tiempo de abandonar el control enfermizo para poder vivir más relajadamente y disfrutar de los pequeños placeres. Para ello, será necesario adquirir cierta seguridad personal que favorecerá la aceptación del fracaso y afrontarlo con niveles saludables de temor.

Hay que aceptar la imposibilidad de controlarlo todo y concentrarnos en aquello que está en nuestro campo de influencia. De esta manera, nos ahorraremos muchas preocupaciones y quebraderos de cabeza inútiles. Por tanto, aprende a aceptar aquello que no puedes controlar para evitar malgastar energía que podrás emplear en lo que sí podrás cambiar.

Conocer las motivaciones que provocan miedo o ansiedad resulta útil para recabar información sobre qué, cómo, cuándo y por qué se producen situaciones detonantes de la necesidad de control extremo.

Los pensamientos negativos que se generan son inevitables pero también gestionables. Contar con recursos o habilidades a tal efecto favorecerá el aprendizaje a través de los errores y generar nuevas oportunidades.

No quieras hacerlo todo tú. Confía en las capacidades ajenas y delega funciones y tareas. De este modo, podrás descargar psicológicamente y tu nivel de estrés disminuirá, con lo cual estarás más tranquilo y abierto a nuevos desafíos.

Entrena la flexibilidad. No planees hasta el último detalle de todo. Deja espacio a la improvisación y al cambio de rumbo si las circunstancias así lo requieren. Aprende a priorizar, dejando a un lado las actividades que no sean urgentes sin que eso suponga un grado más de ansiedad.

En resumen, no quieras controlar todo, ni que te controlen continuamente. Suelta peso innecesario para tener una visión más completa y amplia de la vida, de tu vida. Es esencial diferenciar y concretar aquello que merece ser controlado porque redundará en un beneficio más o menos seguro y emplear la energía en ello. Igualmente, una vez que decidas dejar de controlar algo, no mires atrás ni te quedes vigilante o expectante. Simplemente, deja que ocurra y que fluya naturalmente y según se desarrollen los acontecimientos, se redibujará el recorrido y se volverán a tomar decisiones.

 

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