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Peligrosa autoexigencia

Publicado por María Gómez

Desde pequeños nos inculcan la idea de que debemos ir superándonos día a día en todos los ámbitos: laboral, personal, familiar, etc. Esta forma de vida demanda mucho de nosotros y requiere que empleemos un alto grado de energía.  El hecho de ejercer un control sobre nuestra vida será saludable siempre y cuando no traspase  unos límites a partir de los cuales, en realidad, perdemos el control y el rumbo, porque se podrá desencadenar un trastorno emocional que interferirá en nuestra vida cotidiana.

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La autoexigencia es un proceso que se va desarrollando a lo largo de la vida y del que frecuentemente la persona no es consciente. Puesto que se exige a sí mismo, el individuo se siente con el derecho de exigir  al mismo nivel a los demás, pudiendo ejercer un autoritarismo y un despotismo con las personas que se encuentran en su entorno.

Es frustrante pensar que no se está a la altura necesaria pero más frustrante es que nos hagan ver de manera explícita que no estamos al nivel y que siempre podríamos haberlo hecho mejor.  No es más que una medición subjetiva ya que el nivel de realización adecuada de una tarea se mide en una escala cuyos grados varían de una persona a otra.

Si eres una de esas personas que no puede decir no a nada, posiblemente te estás exigiendo más de la cuenta.

Empieza por tomar conciencia plena de tu situación. Esto te ayudará a tomar las riendas de ese comportamiento desadaptativo y exagerado.

Como punto de partida, es fundamental que trabajes la aceptación.  Desde aceptarte a ti mismo hasta aceptar a las personas que forman tu familia y tus amistades. Todos tenemos virtudes y también defectos que deben ser aceptados aunque,  estos últimos,  son modificables siempre que la persona quiera hacer un pequeño esfuerzo. Una vez alcanzado el punto de aceptación todo se facilita bastante. Adopta una actitud de cuidado hacia tu familia y amigos que son los que más han estado sufriendo por tu auto exigencia.

Poco a poco irá desapareciendo el concepto de perfección como prioridad vital. Darse cuenta de que hay una escala de grises entre el blanco y el negro y asumir que existe un margen de actuación, nos descargará de esa tensión psicológica. Cuando cometas errores, no te culpes, simplemente aprende de ellos.

Descarga tu agenda de obligaciones y hazle hueco el tiempo libre al ocio y al disfrute de cualquier actividad que te resulte placentera.

Una autoexigencia mantenida en el tiempo desencadenará sin duda episodios de estrés agudo que repercutirá negativamente en la calidad de vida de la persona que lo sufre. La vida es demasiado bella para que le pongamos obstáculos, ¿no te parece?.

De modo que exígete lo suficiente para ir consiguiendo tus objetivos, incluso un poco más siempre que no te suponga un sobreesfuerzo, valora tus logros y los de los demás, celébralos, y dedica tiempo a cuidar tu exterior y tu interior buscando la paz que irá guiándote por el camino que has de recorrer.

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