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¿Y ahora qué? Orientación vocacional

Publicado por María Gómez

Adolescentes que terminan sus estudios secundarios, pasan las pruebas de acceso a la universidad y les toca decidir a qué se van a dedicar. Todos los años, millones de jóvenes han de enfrentarse a esta coyuntura, no exenta de importancia. Debido a lo crucial de esta tesitura, planteamos unas pautas sencillas pero muy esclarecedoras para minimizar las posibles dificultades derivadas de un manejo erróneo de las preferencias personales o de su ausencia misma.

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En principio, lo más recomendable es que la búsqueda de la vocación real comience, al menos, dos años antes de la toma crucial de decisión. El tiempo será nuestro aliado, lo que nos permitirá tomar perspectiva , recabar la suficiente información y reflexionar profundamente acerca de nuestro futuro.

Desafortunadamente, no suele ser el caso. Lo habitual es tomar la decisión bajo presión para cumplir los plazos de la formalización de la matrícula, o darnos cuenta de que nuestras calificaciones no son lo suficientemente altas para la carrera que de verdad queremos estudiar. Al cabo de un par de años, te sorprenderás pensando qué haces desperdiciando tu valioso tiempo en una actividad que no solo no te hace feliz, sino que entristece lo más profundo de tu ser. A cuántas personas les habrá pasado por la mente que , si alguien les hubiera orientado, habrían descubierto mucho antes sus inclinaciones y habían dirigido sus esfuerzos hacia la consecución de tales metas.

Para evitar la llegada masiva de jóvenes desorientados, existen ciertas prácticas destinadas a que cada sujeto explore sus motivaciones, capacidades y talentos de manera que, dada una oferta académica concreta, se decanten por aquella que se adapte mejor a sus intereses, sin perder de vista las peculiaridades del mercado laboral actual.

La acción orientadora se puede llevar a cabo de manera individual o grupal. Todo dependerá del asunto a dirimir. La exposición de informaciones sobre los empleos más demandados o que están en auge, las dinámicas de grupos o los estudios de casos pertenecerían a las actividades grupales.Las tareas de reconocimiento de actitudes y aptitudes, la identificación de alternativas laborales o el planteamiento de objetivos laborales suelen ser más efectivas en sesiones individuales.

Por otro lado, el orientador presenta un perfil de guía, acompañante, de conductor del plan. Sin embargo, debe ser capaz de cederle el protagonismo al orientado, evitando transferir sus propias preferencias o intereses o tomar decisiones que sobrepasen sus funciones.

El propósito definitivo de una buena orientación vocacional sería, entonces, realizar un ajuste óptimo entre las preferencias laborales, las capacidades y las actitudes. En numerosas ocasiones, se encuentra más de un empleo que se adapte a las características, lo cual resulta beneficioso porque siempre es preferible contar con varias opciones.

Como última recomendación, insistimos tomar al sujeto como centro de todo el proceso, proporcionándole las herramientas oportunas para desarrollar habilidades y para realizar una toma de decisiones consciente y productiva como requisitos indispensables.

Al individuo receptor de la orientación, le animamos a embarcarse en este fascinante viaje de descubrimiento dentro del cual sondeará sobre sí mismo, y hallará respuestas a muchas de las preguntas existenciales que se planteaba en secreto. El trabajo es un aspecto determinante para alcanzar cierto grado de felicidad, por tanto, merece un esmero especial.

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