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Diagnóstico psiquiátrico y diagnóstico psicoanalítico

Publicado por Betina Ganim

Uno de los tantos prejuicios que pululan en el saber popular sobre el mundo “de lo psi” es que la psiquiatría y la psicología no se llevan bien. Será por el tema de la medicación fundamentalmente donde se suelen dividir las aguas. Pero no me detendré hoy en ese aspecto.

Se trata de los preconceptos históricos que suelen dar lugar a la caricatura clásica del “psicólogo debajo del ala del médico”.

Y es que esta es una reivindicación “comprensible” en tanto es comprobable que, por dar un ejemplo, hay en Europa servicios psiquiátricos en los hospitales, pero de psicología nada. Como si fuera algo nuevo e incluso ausente en algunas instituciones. Nuevo para el “gestor” y nuevo para el “usuario” de los servicios hospitalarios.
(Aquí debería hacer una salvedad respecto de la particularidad de algunos países de América Latina donde “lo psi” está claramente más inscripto en la sociedad en general)
Si pasa esto con la Psicología, podrán imaginarse que el psicoanálisis incluso está en deventaja.

Pero en lo que respecta a la práctica psicoanalítica, la relación con la psiquiatría tiene otra historia, a pesar de que muchas veces se piensa que para ser lacaniano hay que ser defensores de la “antipsiquiatría”. Esto no es así. Más aún si consideramos que el devenir analista de Lacan está marcado por la psiquiatría. Es mucho más “lacaniano”, si se quiere, estudiar la clínica, el saber clínico y usarlo en la experiencia.

El tema es que hay cuestiones que nos unen con la psiquiatría, especialmente la clínica. Pero también en la clínica psicoanalítica hay maneras distintas de abordar el sufrimiento de un paciente, tanto en relación con la psicología en general como con la psiquiatría.
Hoy tomaré el tema del diagnóstico.

Podemos decir que el diagnóstico psiquiátrico está constituido a nivel de la objetividad. En el campo analítico hablamos del campo del sujeto. Podemos diferenciar así una clínica de la mirada y una clínica de la escucha en este punto.

¿Es posible hacer diagnóstico en psicoanálisis? Pues sí. Pero hay que tener en cuenta que cuando hablamos de diagnóstico en psicoanálisis hablamos de un diagnóstico del sujeto. Nosotros como no tenemos estándares, encuadres para todos los pacientes por igual, contamos con algunas herramientas teóricas y lógicas para hacer un tipo de diagnóstico y operar en consecuencia en un tratamiento.

Una de esas herramientas son lo que llamamos entrevistas preliminares (a un análisis propiamente dicho) que nos permiten ir más allá de la estructura (más allá de Neurosis, Psicosis, Perversión), haciendo diagnóstico de la posición subjetiva.

Podemos diagnosticar una conducta perversa, por ejemplo, una homosexualidad masculina; pero esto también lo puede hacer el propio paciente, o los que lo rodean, porque lo conocen y saben que esa, en última instancia, es su manera de gozar. Y debemos respetar las maneras de gozar de cada quien.
El elemento nuevo, lo que hace la diferencia en este punto en el diagnóstico analítico, es que el analista con su escucha apunta a la posición que el paciente asume respecto de su homosexualidad, qué relación tiene con eso, lo que es muy diferente a la conducta en sí.

Por ejemplo, no es lo mismo que alguien diga: “Hago esto y esto, y no me importa, soy así, y lo voy a seguir haciendo porque me da igual” a que diga “Hago esto, pero aunque quiera, no puedo hacer otra cosa”. La conducta puede ser la misma, lo que cambia es la posición respecto de lo que se dice, la posición enunciativa. Lo esencial no es el nivel de los hechos o de los dichos, sino del decir, la enunciación que se hace respecto de los enunciados.
Sin pretender hacer de esto reglas técnicas universales (porque siempre apuntamos a lo más singular) podemos -recurriendo a tiempos lógicos de una cura- decir que primero hay que escuchar ¿de qué sufre? Alojar eso. Y después poder leer, como analistas, cuál es su posición respecto de lo que dice y hace tal paciente. ¿Dónde está el sujeto?

Los dichos de un paciente son los relatos de los hechos. Como analistas, como primer paso lógico se trata de avalar esos dichos, escucharlos, dejar que se desplieguen. Afirmar su verdad, creerles. ¿Dónde está ahí el sujeto? Y una vez localizado,en su enunciación, situar la posición que asume respecto de lo que dice, cuestionar esa posición enunciativa, para lograr un efecto necesario para que se constituya un análisis: la rectificación subjetiva.

Y de ahí, un recorrido singular… más allá de diagnósticos etiquetadores que aplasten la subjetividad.

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