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El deseo y el lenguaje

Publicado por Betina Ganim

El apartado V del escrito La dirección de la cura y los principios de su poder” lleva de título “Hay que tomar el deseo a la letra”. Es la segunda gran parte de este escrito de 1958, y que Lacan comienza con una pregunta: ¿No significa nada que Freud haya descubierto en el sueño al deseo? Y aclara que no está hablando de “tendencias” sino del deseo tal como lo propone Freud en su Interpretación de los sueños, a principios del siglo XX. Es en ese texto inaugural del psicoanálisis en la obra freudiana donde Lacan lee el deseo en tanto simbólico.

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Lacan dice que Freud no hizo más que plantear su teoría de que el sueño es una realización de deseo, para que venga una paciente contándole un sueño donde era imposible interpretarlo como una realización de deseo… Pasa que el deseo se articula de una manera astuta, no se trata de una traducción literal del sueño en donde podemos leer el deseo en juego, porque claro, están las leyes del inconsciente (leyes del lenguaje para Lacan: metáfora y metonimia) en el que ese deseo sea articula.

Lacan nos invita a leer a Freud, a volver a esos textos del 1900 para no caer en la tentación de quedarnos con las “etiquetas de los cajones”, y ver por ejemplo cuál es el deseo en juego en el caso trabajado por Freud de “la bella carnicera”. Allí, en el caso de este sujeto histérico, se trata de un deseo que es sostenido por un deseo de otro orden. Freud lo ordena diciendo que se trata del deseo de tener un deseo insatisfecho.

Aquí hace una distinción de las dos dimensiones del deseo, en tanto metonimia: deseo de deseo…y el deseo en tanto metáfora, el que sustituye un significante por otro. Ya he abordado este caso en algún post en este mismo blog, así que a ellos los remito.

Lo que me interesa distinguir en este recorrido es que Lacan plantea que esto no es algo que está oculto, que es algo microscópico en relación al deseo, De hecho, la estructura del deseo es la insatisfacción. El deseo se define por su insatisfacción en tanto no hay un objeto particular que colme ese deseo.

En el caso de esta histérica, como así también en cualquier manifestación del inconsciente, operan estos mecanismos de condensación y desplazamiento que tiene, dice Lacan, una estructura en común: la relación del deseo con la marca del lenguaje que da razón al inconsciente freudiano.

Las leyes del lenguaje se articulan en la cadena significante de dos maneras: como metáfora (sustitución de un significante por otro) y como metonimia (combinación significante)

En el sueño de la bella carnicera, tenemos la sustitución de un significante de la amiga (salmón ahumado) por “caviar” que el sueño propone como significante del deseo.

Pero, dice Lacan, es necesario decir algunas cosas más para saber qué quiee decir ese significante en el inconsciente del sujeto, teniendo en cuenta, siguiendo a Freud, que el sueño es la vía reggia para acceder al inconsciente.

FUENTE: LACAN, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder”

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