Psicología

“Marrana”

Publicado por Betina Ganim

Lacan considera, a partir de Feud, que es mejor abandonar el mecanismo de Proyección como mecanismo posible para explicar la alucinación.

Así, toma un ejemplo de su práctica como psiquiatra en presentaciones de enfermos. Un ejemplo clínico que conocemos como el “caso Marrana”, que aborda en el Seminario 3, Las Psicosis,y retoma en su escrito “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible para la psicosis”

marrana

Se trata de dos personas con un único delirio, lo que se llama “delirio de a dos”. Madre e hija.

La hija, nos dice Lacan no estaba al principio muy dispuesta a participar de esta presentación.

Pero al fin, le confía a Lacan que un día, al salir de su casa, se cruza en el pasillo con un hombre, casado él, un amante regular de su vecina, bastante “floja de cascos”. Al cruzarse, él le habría dicho una palabra grosera, que no se la quería repetir ella porque la rebajaba. Aun así, después de unos minutos y con una sonrisa de concesión, le dice que ella tampoco era tan inocente, porque también había dicho algo cuando pasaba por el pasillo: “Vengo del fiambrero”. Y él dijo “Marrana”.

Primero hay que decir que la paciente tiene una relación ambigua con esta pareja vecina-amante. Son personajes persecutorios y hostiles, aunque en la entrevista se pudo notar que no tiene con ellos una actitud reivindicativa. Sino que más bien hay algo de perplejidad. Si bien, madre e hija no son erotómanas, las caracteriza esa impresión de que se interesan por ellas… la hija es claramente paranoica, dice Lacan.

Esta vecina es para la pareja madre-hija, alguien intrusivo, que se mete en sus vidas, empiezan a sentirse perseguidas al punto de que arman algunos alborotos y son expulsadas a la calle.

La hija había estado casada y luego se separara de su marido (también en un marco persecutorio de su parte, ella denuncia amenazas, etc) quedando así unidas madre e hija en un vínculo donde el elemento masculino no está, dice Lacan.

Lacan se pregunta si podemos situar esto en el plano de la proyección como mecanismo de defensa…

Bien, lo que tenemos es que lo masculino, el elemento masculino estaba fuera; el mundo para ellas era femenino…

Y se vuelve a preguntar Lacan si es que lo que está en juego aquí es la proyección. No, dice. La cuestión es que tenemos Marrana, que esa palabra haya sido escuchada realmente, en lo real.

En lo real; es decir, que ella no dice “tuve la impresión de que me dijo marrana”, dice: “Dije Vengo del fiambrero y él me dijo Marrana”. Esa es la alucinación, la estructura de la alucinación.

Aquí podemos hablar de ALUSIÓN, que sería una definición de lo que es una alucinación: se indica en sí misma en un más allá de lo que dice. Algo la alude, y no tiene que ver con el Otro con mayúsculas, sino con el otro con minúsculas, con el cual el sujeto se enfrenta en una relación especular a-a’. Que la palabra surja en la realidad.

Se produce en ese juego de rebote especular que ya no se sabe de donde parte…

Esa palabra (como ocurre en la neurosis) no le viene del Otro, sino del otro que es él mismo.

FUENTE: LACAN, J. Seminario 3 “Las psicosis”

Categorías: Psicoanálisis, Psicopatología