Psicología

¡A jugar!

Publicado por María Gómez

Ni para eso hay tiempo hoy en día. Las agendas de nuestros niños están repletas de actividades desde antes de cumplir los dos años. Deportes, idiomas, todo impuesto por los padres pensando en que hacemos lo mejor para ellos. Ya en las escuelas infantiles, los bebés se dedican a cumplir horarios estrictos de ocupaciones para que los papás vean que su dinero está bien invertido. En realidad, está bien cierta organización pero la vida da para muchos horarios inflexibles, muchas clases, no es necesario empezar antes de tiempo, ¿no crees?

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Por eso, desde este espacio, proponemos retomar el juego libre. Forma parte de la naturaleza misma del ser humano, así que cuando impedimos su expresión, estamos yendo a contra natura. Todos los niños del planeta juegan, es universal. No nos referimos al juego vacío sino a la actitud hacia el mismo. En realidad, no necesitamos muchos recursos, ni dinero, sólo sal a la calle, ve al parque, a la montaña, o a la playa. La clave está en la pasión que le pongas cuando juegues con niños. Se transmite por un hilo invisible que une a los implicados y provoca que se contagien entre ellos. Mediante el juego comienza uno a sentir lo que significa libertad. Jugar une.

Además, jugar te obliga a ser creativo, a imaginar, a inventar, a buscar diferentes soluciones, a trabajar en equipo. En efecto, supone una alta rentabilidad a muy bajo coste. Si a ésto le añadimos la alegría que infunde y la ilusión que genera pues es evidente que no debiéramos de dejar de jugar nunca.

child-812025_1280Desde edades tempranas, jugar nos aleja de conductas negativas tendentes a la violencia, el egoísmo o la intolerancia. En los juegos que requieren actividad física encontramos una motivación para alejar a los niños y los mayores del sedentarismo y el apoltronamiento mejorando y manteniendo una capacidad física sana.

De adultos, el juego nos ayuda a reducir la ansiedad, tan expandida en las sociedades del siglo XXI y a deshacernos del estrés que nos originan las obligaciones diarias. Nos equilibra emocionalmente al agarrarnos al juego como vía de escape. Igualmente, poder disfrutar del momento, del ahora sin tener conciencia de nada más nos colma de optimismo.

Realmente, estamos ante otra necesidad biológica como beber, comer o dormir. Aceptemos el juego como una fuente inagotable de aprendizajes que nos servirán a lo largo de la vida y que son más fácilmente interiorizados debido al carácter lúdico del ambiente en el que se aprendieron.

Por lo tanto, no sólo es importante fomentar que los niños jueguen desde que nacen prácticamente, sino que alentamos a los adultos que rodean a esos niños a destinar tiempo para jugar con ellos. Seguro que descubrirán uno de los placeres más gratificantes de la vida. No olvidemos que la infancia pasa rápido y  es irrecuperable, así que procura que esos momentos compartidos queden grabados en la memoria, también en la tuya.  Asimismo, respaldamos la filosofía de jugar y divertirse a cualquier edad ya que existen tantos tipos de juegos que todo el mundo puede encontrar alguno afín con el que poder desarrollar sus capacidades.

Categorías: Psicología Social