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Efecto Pigmalión

Publicado por María Gómez

No hay mejor ayuda que la nos podemos brindar a nosotros mismos. Además, es importante trasladar ese apoyo a niños desde edades tempranas con el objeto de promover autoconceptos positivos, autoestimas saludables y, por consiguiente, personas equilibradas mentalmente.

Los seres humanos somos bastante presuntuosos, así que tenemos cierta tendencia a confirmar nuestras hipótesis y a perseguir nuestras expectativas. Dirigiremos nuestras conductas hacia donde nuestras expectativas nos guíen porque la coherencia da sentido a nuestra vida, incluso al actuar de forma incoherente. Otra paradoja de la existencia del ser.

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Así, una vez que enunciamos un pronóstico, se activan automáticamente los mecanismos necesarios para que se cumpla. Si nos refuerzan habitualmente con palabras que dan cuenta de nuestra capacidad de logro, lo más probable es que sintamos que, verdaderamente, somos capaces de conseguir nuestros propósitos y, por ende, orientemos nuestros esfuerzos a desarrollar comportamientos que nos acerquen a los mismos. En efecto, de esta manera actúa el efecto pigmalión.

Es de suponer que se trata de una herramienta de doble cara. Es igual de potenciadora que debilitadora. Si pretendemos que alguien se desmotive, no confíe en sus competencias y carezca de iniciativa, no tenemos más que enfatizar su supuesta ineptitud, pretender que se la crea. Resulta, pues, obvio el poder del efecto pigmalión en los ámbitos educativo y familiar.

Evitemos, entonces, las etiquetas al describir a un niño como “malo” porque es muy previsible que acabe siéndolo puesto que buscará, inconscientemente, actitudes que lleven a acercarle a ese epíteto.

Cuando estamos en un nivel madurativo superior, seremos competentes para manejar nuestras creencias de tal forma que estén basadas en hechos contrastados no en pensamientos paralizadores o limitadores. Asimismo, dejemos que fluya el sentido común, tan olvidado en los últimos tiempos.  Simultáneamente, instauraremos un sistema de creencias potenciadoras que impulsen nuestros actos hacia los objetivos-meta, realizando valoraciones positivas y reales.

El efecto pigmalión está estrechamente ligado al prejuicio puesto que si manejamos una información previa de alguien, esperaremos encontrar señales que confirmen aquella. Ésto supone que nos mantenemos “ciegos” a los indicadores en sentido contrario. Como consecuencia, adoptaremos una opinión sesgada y errónea de la persona en cuestión impidiendo que sea recibida tal y como es desde el inicio.

Así pues, la barrera antipigmalión no es otra que el cuestionamiento. No asumas las verdades de los demás sin haberlas comprobado por ti mismo, no abandones tus ilusiones porque otros dicen que no las conseguirás. Un gran porcentaje de la consecución de éxitos depende de nosotros mismos, pero cuando hayas hecho todo lo posible por alcanzar una meta y no haya sido posible, aún así, sentirás que no has fallado, que no ha sido un fracaso.

Rodéate de personas que sigan tu misma filosofía y procura que el clima en el que te mueves sea acogedor. Tus relaciones se verán gratamente enriquecidas. No quieras asumir rol que te adjudiquen otros. Toma las riendas de tu vida y controla tus decisiones, saca los motivos a la superficie para apoyarte en ellos. Apúntate al desafío de ser tú.

 

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