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Ahondando en nuestro ser más espiritual

Publicado por María Gómez

La historia de la Psicología nos embarca hacia un mismo viaje a través de diferentes itinerarios. Las diferentes corrientes psicológicas convencionales como la conductual, la Gestalt, la humanista, o la cognitiva comparten un fin común que es lograr el mayor bienestar integral de las personas.

Sin embargo, desde hace los años 60, profesionales de todas las escuelas encuentran que falta un ingrediente fundamental para completar el círculo, para llegar a la plenitud vital. Se trata de la dimensión espiritual del ser humano. Frecuentemente olvidada, es indiscutible su función como motor de vida en ocasiones, y como reguladora del comportamiento, en otras.

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Podríamos explicar la Psicología Trascendental como aquella que no se estanca en el “yo” como persona sino que va más allá. Provoca que el individuo penetre de lleno en un nivel más profundo de consciencia que englobaría aspectos como la humanidad, el cosmos, o la psique desde un punto de vista íntimo. Normalmente, ahondar sobre estas cuestiones además del trabajo psicológico y mental ordinario, suelen conllevar cambios profundos en el ser que logran minimizar sinsentidos y vacío existenciales propios de nuestra era. Al tiempo, nuestra visión y perspectiva acerca de lo realmente esencial de la vida se asumen como retos superados motivando, a su vez, que cualquier asunto que se nos plantee, por cotidiano que nos parezca, sea analizado hasta sus confines más profundos. Es hora de abandonar la superficialidad.

Husmear en nuestros fondos nos da cuenta de que los límites los marcamos nosotros, por lo que es posible elevar nuestro refinamiento mental hasta que nuestra capacidad de soportar esa experiencia extraordinariamente íntima nos lo permita. Ejercicios como la meditación, la oración en recogimiento o la práctica del mindfulness ejemplarizan el tipo de experiencia a la que nos estamos refiriendo.

Atiende todos los aspectos que faciliten que la conciencia evolucione superando estratos, logrando éxitos hasta en el ámbito de la psicopatología.

A pesar de que no existe una formación académica reglada sobre esta corriente, no debemos excluirla como alternativa puesto que, en realidad, encierra los conocimientos de las terapias convencionales añadiendo las esferas de la espiritualidad y del misticismo. No resulta tan descabellado pensar que las personas que logran sortear el egoísmo intrínseco al ser humano para adquirir una identidad que va más allá de si mismo, puedan ser aquellas que gocen de una salud mental más saludable.

Así que, trascendamos de nuestro ego y seamos osados. Atrevernos a bucear por las profundidades del yo para salir de nosotros. Es ahí donde damos rienda suelta a nuestras potencialidades y donde derrotamos las limitaciones casi siempre autoimpuestas. Alcanzamos, pues, la libertad plena y absoluta. Ésa que depende sólo y exclusivamente de nosotros mismos. Es tan revelador que ningún ser humano debería perderse una experiencia de tal calibre. Por no hablar, de los beneficios globales de los gozaríamos en un mundo donde el “yo” deja de ser prioridad número uno, para colocarse el último de la fila. Estarían las personas tan ocupadas encontrando el sentido de la vida, que no tendrían tiempo para pensar en cómo acabar con la de otros seres humanos.

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