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Alerta: psicópata a la vista

Publicado por María Gómez

Estamos acostumbrados a ver psicópatas en las películas. Hombre y mujeres descritos como fríos, calculadores, con alto cociente intelectual. Incluso, suelen darles cierto aire atractivo lo que les favorece para ser percibidos como menos culpables de sus actos.

Un psicópata no es una especie que viva escondida en bosques remotos. Son personas que hieren voluntaria, y a veces premeditadamente, a otras personas. Llevado al extremo, matan, asesinan a seres humanos llegando a disfrutar viendo el sufrimiento ajeno de cerca. Pero, cuidado. Entre nosotros, también viven personas con alto grado de psicopatía, que, si bien no son peligrosos a nivel físico; en el plano psicológico, son auténticos depredadores.

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Nos referimos a personas consideradas “normales”, perfectamente integradas laboral y socialmente, incluso son simpáticas o divertidas pero que sacan a relucir su lado más oscuro en la intimidad familiar, con las parejas, en definitiva con las personas más cercanas a las que tienen sometidas de alguna manera.

Manifiestan su psicopatología a través de algunos rasgos concretos. Entre ellos, se encuentra el letargo afectivo que conlleva una ausencia total o parcial de culpa. No obstante, son expertos en sentir emociones relacionadas con la ira, la cólera o la tristeza cuando algo no sale a su conveniencia.

Para conseguir sus objetivos, actúan como el mejor amigo, el hijo más cariñoso, o la pareja más amorosa aunque en realidad no sientan nada. Se valen de la estrategia para poder hacerse con el control total y mostrar su superioridad lo que retroalimenta sus ansias de tener más y más poder.

La impulsividad gobierna sus acciones y, ni siquiera filtran o autocontrolan aquello susceptible de ser dañino para el otro. Pueden parecer encantadores, sin embargo, también les resulta difícil no mostrar su arrogancia, y con el trato frecuente, ésto les suele perjudicar creando desconfianzas y suspicacias.

Obviamente, no empatizan con sus “víctimas”, es más, tienden a manipularlas cuanto más, mejor. Cuando veas que se empieza a aburrir del trabajo o de sus relaciones, ten por seguro que estará ya preparando alguna vileza que le estimule a pensar que es casi de otra dimensión.

Si conoces o padeces los hostigamientos de alguien que se ajusta a este perfil, o, al menos piensas que tiene rasgos psicópatas, no esperes que acuda de motu propio a la consulta de un profesional. Tampoco esperes a que te aniquile a base de imposiciones, así que tendrás que buscar tú ayuda para lidiar con la situación, o bien, tomar la decisión de dejar esa relación por tu bien aunque resulte doloroso en un primer momento. No hay que confundir el respeto con el temor y, cuando la situación es insostenible, no es útil agotar la energía para salvar lo insalvable.

Disponer de un círculo de apoyo te protegerá de los efectos nocivos pero no por siempre. Es muy improbable que surjan la paz, la confianza y la tranquilidad por arte de magia. Por tanto, recomendamos encarecidamente que la gente no se embarque en relaciones poco saludables con personas portadoras de rasgos de este trastorno que repiten patrones una y otra vez porque con el tiempo todo tiende  empeorar y hasta el amor acaba diluyéndose hasta desaparecer. No dés lugar a desperdiciar años de tu vida con personas que no quieren compartirla contigo porque no podrás volver a rescatarlos.

 

 

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