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Y Diógenes llegó

Publicado por María Gómez

Llevas un tiempo percibiendo un fuerte mal olor en tu descansillo. Cada vez que sales del ascensor tienes que taparte la nariz y la boca con un pañuelo. Ya no aguantas más y decides llamar a la policía para poner en conocimiento esta situación. Has intentado hablar con tu vecino, un hombre de unos setenta años, llamando al timbre en repetidas ocasiones, pero su carácter es más bien huraño y nunca ha abierto. Ni siquiera ha contestado.

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Llega la policía y, no sin algunos problemas, consiguen acceder a la vivienda. El caso está claro, lo que te temías: Síndrome de Diógenes. Tu vecino cumple todos los síntomas: aislamiento social, vive recluido en su hogar y las condiciones de higiene en las que habita son claramente insuficientes e incompatibles con un modo de vida saludable.

Efectivamente, los agentes encontraron un espectáculo desolador por la enorme cantidad de basura acumulada. De tipo orgánico, trastos, muebles, ropajes. Era como un rastro pero en medio de olor a podrido. Es un foco de infecciones para la persona que padece el síndrome pero también para las personas que viven en el entorno y sufren auténticas penalidades. Lo más triste de todo es que estas personas viven rodeadas de basura voluntariamente negándose a realizar una limpieza exhaustiva tanto del hogar como de sí mismos, de tal manera que, cuando se alcanzan niveles de suciedad insoportables, las personas cuidadoras abandonan cualquier intento de rescatar al enfermo.

En efecto, a pesar de que se debate que se trate de un estilo de vida, en la mayoría de los casos se trata de enfermos que, en cierto modo, pierden el contacto con la realidad. El proceso se suele iniciar tan sigilosamente, que cuando se vienen a dar cuenta, ya piensan que esa forma de vida es tan válida como cualquier otra. Normalmente, la soledad en edad avanzada es un factor determinante aunque también puede derivarse del padecimiento de un trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

La intervención suele presentar dificultades debido al rechazo sistemático a recibir ayuda y a modificar las condiciones de vida. Además, su inclinación paranoide les lleva a pensar que en realidad lo que quiere el resto de la humanidad es quedare con todos sus “tesoros” o hacerles daño. Realizado el retrato del síndrome, se pone de manifiesto la obligatoriedad de que se intervenga de manera interdisciplinar puesto que hay varios aspectos a tratar simultáneamente como el psicológico, el social, el relacionado con la salud pública o el médico.

Aun así, es frecuente tras una exhaustiva limpieza y desinfección tanto de la persona como de la vivienda, el enfermo vuelva a repetir los patrones de conducta que le llevan a la acumulación patológica. Por consiguiente, el llamamiento se dirige al concepto que aparece como el gran aliado ante la mayoría de las circunstancias problemáticas: la prevención. Por supuesto, esto exige la colaboración de la sociedad en su conjunto y la implicación de las personas de manera particular que ayuden a detectar los casos de riesgo y poder frenar el desarrollo del síndrome evitando así que se cronifiquen y reduciendo los costes de todo tipo.

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