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Consejos para cortar comunicaciones indeseadas

Publicado por María Gómez

Siempre nos indican la importancia de tener habilidades sociales para entablar relaciones saludables. Y es, en verdad,  la causa lo merece porque de ellas dependerán varios aspectos de nuestra vida como las amistades que tengamos, los trabajos para los que nuestro perfil es adecuado o el tipo de actividades por las que nos decantaremos. Sin embargo, la cuestión que nos ocupa hoy busca utilizar esa habilidades sociales para terminar con una conversación aburrida, buscar una salida decente cuando tenemos prisa o no nos interesa lo que nos están contando o simplemente escabullirnos de una persona con un desenfreno verbal tal que resultaría casi mortal pasar más de treinta minutos escuchándola.

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Normalmente, tendemos a poner a prueba nuestra paciencia aguantando estoicamente estas situaciones por miedo a parecer desconsiderados o groseros si cortamos la comunicación. Habremos de recurrir, una vez más, a sacar nuestro lado más asertivo y darnos la oportunidad de aceptar de tenemos todo el derecho a concluir cualquier conversación en cualquier momento sin sentirnos culpables para el resto de la eternidad. Igualmente, tendremos que usar estrategias que respeten a nuestro interlocutor al tiempo que minimizan nuestro sentimiento de culpa o de lástima.

Podemos actuar en la dimensión verbal o en la no verbal, aunque no son mutuamente excluyentes y puede que aproveches las ventajas de ambas dimensiones en más de una ocasión.

Una de las maniobras más básicas es la de no hacer preguntas. Si tu interlocutor tiene un nivel mínimo de astucia, pronto se percatará de tu desinterés y cesará en su intento por involucrarnos.

Procura no inventarte pretextos grotescos que sólo te dejarán en evidencia. Es innecesario mentir cuando hay otras alternativas más efectivas como decir que necesitas ir al baño o que vas a entrar en una zona sin cobertura, en caso de ser una conversación telefónica.

Otra opción sería escuchar pacientemente el relato y, una vez termine, exponer que tenemos que hacer una tarea (estudiar, terminar un trabajo, redactar un documento, etc) En este caso, ambas partes salen indemnes del trance.

Cuando el tema del soliloquio te parezca soporífero, siempre puedes cambiar de tema y llevar la conversación a tu terreno. Eso sí, procura que se produzca de manera natural, al hilo de cualquier relación que encuentres entre un tema y otro.

En situaciones que implique la presencia de más gente como reuniones, fiestas o celebraciones solicitaremos la presencia de otras personas en un momento dado para que nuestro interlocutor disponga de más público. Entonces, podremos desaparecer discretamente. Un plan perfecto.

En caso de que nos decantemos por utilizar nuestras habilidades no verbales, empieza a practicar delante del espejo la expresión facial más inexpresiva que seas capaz de reflejar. Después, haz uso de ella cuando lo necesites añadiendo la evitación de contacto visual.

El éxito de estas maniobras dependerá de la pericia de cada uno para salir airoso de una situación donde alguien da rienda suelta a la lengua sin importarle si el que tiene enfrente tiene algo que aportar o si le interesa. Por tanto, no dudes en practicar cada vez que surja la ocasión. Seguro que más habitualmente de lo que pensabas.

 

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