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No quiero verte sufrir

Publicado por María Gómez

La vida nos sorprende, en ocasiones, con episodios que nos causan un enorme sufrimiento. Ayer una amiga me lo describía como demoledor, igual que si te arrancaran la piel a tiras. Es tan gráfico que resulta fácil suponer el destrozo que deja a su paso. El sufrimiento va más allá del dolor. Es, precisamente, la transformación mental del dolor que realiza la persona. Se cruzan emociones y pensamientos de gran intensidad e impacto psicológicos, además de ser relativamente duraderos, aun cuando la causa de los mismos ya haya sido superada. Se trata de un animal cuya huella permanece grabada en la arena incluso tras una abundante lluvia. Por fortuna, la mente humana es tan poderosa que diluirá lo malo dejando espacio para que las alegrías alimenten sus neuronas.

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Cuando el nivel de incertidumbre es alto, cuando la persona percibe que no posee la fuerza o recursos necesarios para hacer frente al motivo que soporta su sufrimiento o se siente impotente para solucionarlo los efectos de sufrir pueden ser devastadores. Por ello, es muy importante que las personas que están pasando por situaciones generadoras de sufrimiento sean apoyadas y atendidas adecuadamente, con el fin de paliar su dolor y de evitar reacciones que puedan desencadenar trastornos como ansiedad, depresión o problemas de personalidad.

Nuestra sociedad intenta siempre esconder el sufrimiento, taparlo, ignorar su existencia. Qué gran ingenuidad teniendo en cuenta que es inherente al hecho mismo de vivir. Bien es cierto que el sufrimiento nos puede llevar hacia la desesperación más pronunciada, pero no es menos cierto que es capaz de sacar nuestro perfil más heroico, de que brillemos por nuestras agallas y valentía al enfrentarnos a ese monstruo. Nuestra actitud y nuestros rasgos de personalidad serán factores determinantes a la hora de afrontar las adversidades con serenidad, templanza o calma.

Aunque carezca de sentido para la persona que sufre, bien es cierto que éso también pasará, de un modo u otro. Todo vuelve a su lugar. Por eso, apelamos a mantener siempre un halo de esperanza; una esperanza que debemos cultivar desde lo más íntimo, con ayuda de un profesional en Psicología Positiva si es necesario. Las personalidad con talante abierto a la esperanza superan mejor y más rápidamente los episodios dolorosos, saliendo incluso reforzados como personas.

Por otro lado, las personas con inclinaciones religiosas o espirituales cuentan con un acompañamiento extra que les proporciona soporte vital. Parecen encarar con mayor entereza los rasguños de la vida, incluso la muerte de un ser querido, y al más alto nivel, la propia.

Nuestro propósito desde el inicio no es esconder la cara malvada del sufrimiento, sino resaltar lo que parece oculto: la ESPERANZA. La esperanza da sentido al sufrimiento, es el clavo ardiendo al que agarrarse cuando todo está a punto de desmoronarse, nos mantiene a flote.

Aunque no podamos evitar su entrada, no le hagas mucho hueco, porque está de paso. Sobre todo, no permitas que el sufrimiento se instale cómodamente en tu vida obstaculizando tu felicidad y la de todas las personas que te rodean.

Todas estas palabras son por y para ti, amiga.

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