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Orientación Vocacional: ¿Qué quiero ser? o ¿Qué quiero hacer?

Publicado por María Fay

Al adentrarnos en la temática de la Orientación Vocacional, hay una distinción puntual que es correcto plantear desde el inicio.

Los adolescentes que frecuentemente lidian con esta decisión y esta búsqueda, intentan responder a la pregunta: ¿Qué quiero ser?

Incluso desde niños ¿Qué querés ser cuando seas grande? Es un interrogante que ya nos plantea una equivalencia entre la ocupación o profesión futura y el concepto del Ser.

Ser y Hacer son dos cosas distintas. Frecuentemente se toma a la carrera u ocupación como un rótulo que define el ser de la persona.

De esta manera, se dice “Soy médico”o “Soy abogada” “Soy electricista o peluquero”. Ejemplos de profesiones u ocupaciones que se transforman en títulos que para muchos determinarían cómo somos o cómo deberíamos ser.

Mas allá de la costumbre coloquial de denominarlo de esa manera, es interesante separar ambas cosas. Una cosa es Ser y otra Hacer, esto último sí vinculado a una ocupación.

El Ser es mucho más que la ocupación que elijamos. La profesión no define quiénes somos.

Podemos hacer una actividad, pero a la vez tener gustos o características quizás no afines completamente a esa ocupación, sin que esto tenga que ser necesariamente contradictorio.

El Ser, si bien se va desarrollando, es mucho más estable. El Hacer refiere a aquello que el Ser puede emprender en un momento determinado y eventualmente cambiar.

El ser humano es complejo y está inmerso en ámbitos varios, pudiendo tener vínculos e intereses muy disímiles. Y es esto lo que hace rica la experiencia de vivir; que no todo necesariamente corresponda a una sola cosa.

Por este motivo, a la hora de pensar en orientación vocacional la pregunta correcta sería: ¿Qué me gustaría hacer? ¿Qué ocupación me haría feliz?

Definitivamente, para saber qué quiere hacer uno en el futuro, se vuelve esencial distinguir entre ambas cuestiones. Porque de esta forma, le quitamos el peso a esa decisión que pareciera por momentos volverse única e inamovible.

No lo es.

Mucho menos en los tiempos que corren donde aún hoy más que nunca las profesiones o títulos no nos garantizan gran estabilidad y el éxito puede ser conseguido incluso subiendo buenos videos en YouTube.

Dada la amplitud de ocupaciones en la actualidad, la búsqueda de la vocación tiene que ser un proceso lo más libre y subjetivo posible.

Para encontrar, es necesario explorar. Observar en qué tenemos facilidad y qué disfrutamos hacer; ser curiosos, probar actividades que muchas veces la escuela no nos presenta y tomar esto como un proceso muy propio, donde por lo general hay que poder limitar opiniones del entorno cercano.

La vocación, finalmente implicaría un punto de conexión entre el Ser y el Hacer.

No se trata de cualquier ocupación, sino de una que ponga en juego características intrínsecas de ese sujeto en particular.

Es el resultado de un proceso que puede llevar mucho tiempo y que no se puede forzar de antemano, lográndose (si es que sucede) solamente mediante la experiencia subjetiva.

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