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No les regales tanto

Publicado por María Gómez

No sólo en fechas señaladas como la Navidad o los cumpleaños, los niños son agasajados con regalos. Con frecuencia, cometemos el error de pensar que cuanto más regalos reciban más queridos se sentirán, por tanto, serán niños más felices. Tremendo error. Además del despilfarro económico que suponen, con este tipo de educación sólo conseguiremos que nuestros niños crezcan en el consumismo, aceptándolo como lo adecuado y normal.

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Es cierto que la vorágine diaria  en la que, tanto padres como madres tienen una carrera profesional,  recorta el tiempo que dedicamos a los niños.  Por ello, pensamos que seremos mejores padres si les compensamos nuestras ausencias con bienes materiales de todo tipo. Este comportamiento es tan peligroso como circular a 200 kilómetros por hora.  Los niños pronto se acomodarán a este estilo de vida, anestesiándolos emocionalmente, comparando sus regalos continuamente con los de otros niños. Al final, hasta se pierde la esencia misma del juguete que no es otra que generar diversión y entretenimiento. Ni el mejor regalo del mundo podrá jamás sustituir el cariño y la atención de unos padres.

En este contexto, aparece el ”síndrome del niño hiperregalado” . En efecto, el foco de la responsabilidad  apunta directamente hacia los padres o responsables de la educación del niño.  No podemos perder de vista la idea de que el juguete tiene una función precisa,  de modo que su elección está supeditada al objetivo que queramos lograr  cuando el niño juega con él. Del mismo modo,  habremos de centrarnos en la calidad de los juguetes, desechando la idea de que esta depende de la cantidad.

En general, el exceso de regalos producen en los niños  ciertos efectos: la sobreestimulación está asegurada por lo que será imposible concentrarse en un solo juguete si el niño recibe más de diez.  Al final, se pierde el interés por todos y acaban en el fondo de las cajas. Es fácil que el niño pierda la ilusión al recibir regalos porque está demasiado acostumbrado a ello. No tenemos derecho a impedir  que experimenten la gran emoción que supone recibir un regalo. Cuando el niño no es consciente de que recibir un regalo ha sido posible por el trabajo y sacrificio y esfuerzo de sus padres, no entenderá cuando no sea posible regalarle,  lo que le generará mucha frustración que no sabrá gestionar de ninguna manera. Todo ello, redundará en que los niños adquieran valores equivocados, es decir, antivalores.

Cuando un niño deja de jugar por exceso de juguetes la magia de la fantasía desaparece.  Se le habrá privado de un recurso muy valioso para estimular la creatividad.La solución no pasa por eliminar los regalos  sino que habrá que elegirlos con cierto cuidado de modo que se asegure el disfrute con su utilización.

Finalmente, se recomienda que a la hora de elegir un regalo, se tenga en cuenta que se pueda usar, que esté relacionado con la lectura en la medida de lo posible, que se sepa ciertamente que le hace mucha ilusión o que sea algo que se necesite.

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