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Las Pesadillas

Publicado por Malena

Las pesadillas no son solamente un padecimiento que sufren los niños, también las tienen los adultos, aunque en menor proporción; pero afortunadamente existen fórmulas sencillas para resolver este problema.

Un sueño recurrente en los niños, es que alguien los persigue y deben escapar o esconderse de su perseguidor. Algunos sueñan que mueren en el intento o que sufren graves lesiones; otros que ven a otras personas siendo las víctimas y en ocasiones pueden soñar que se precipitan en el vacío.

La mayoría de los atacantes que aparecen en los sueños, guardan cierta relación con el perfil de los delincuentes que cometen delitos en la vida real, hombres en su mayoría.

La segunda mitad de la noche es cuando se tienen pesadillas, o sea en el momento en que se sueña más.

La pesadilla es diferente al terror nocturno ya que éste se origina una hora después de acostarse y puede ir acompañado de un grito.

En el terror nocturno la persona suele incorporarse y abrir los ojos pero sin tener el aspecto de estar despierta, como si estuviera en un estado intermedio entre la vigilia y el sueño; no responde a los estímulos, puede parecer algo desorientada y llegar a agredir a personas de su entorno por considerarlas peligrosas.

En estos casos, conviene hablarle pausado, sin sacudirlo ni gritarle para despertarlo y al día siguiente no recordará el suceso.

Los terrores nocturnos se relacionan con frecuencia con el sonambulismo, fenómeno que no se considera importante si es ocasional.

Las pesadillas en cambio, ocurren durante la ensoñación normal, durante la fase de sueño REM (movimientos oculares rápidos); son ensoñaciones frecuentes y vívidas que se recuerdan con claridad al despertar.

Lo más importante para liberarse de las pesadillas es hablar del contenido amenazante de esos sueños. Como ocurre con los trastornos asociados con la ansiedad, como las fobias, si se evita el estímulo que se teme se empeoran los síntomas.

La mayoría de los que sufren pesadillas suelen no darles importancia e intentar olvidarlas; sin embargo, la única salida para ese problema es enfrentar ese miedo.

Las pesadillas recurrentes se pueden tratar. Una terapia sencilla que da resultado es volver a vivir la pesadilla, describiéndola, dibujándola y encarando el miedo que provocó.

Luego, una vez verbalizada, el soñante tiene que inventarle otro final para hacer desaparecer así la situación temida.

Lo más efectivo es cuando el soñador se atreve por sí solo a modificar el contenido de su sueño, sin ayuda de la imaginación del terapeuta, teniendo en cuenta que escaparse no es una buena estrategia, ni tampoco eliminar a los seres amenazantes, porque esa medida no favorece el equilibrio interior.

Una forma adecuada sería transformar a las figuras atemorizantes en insignificantes ratones o bien entablando un diálogo amistoso con ellos proponiéndoles hacer algo divertido.

La persona que sufre pesadillas recurrentes debe practicar diariamente el nuevo argumento del sueño que ha imaginado, con claridad, durante dos semanas, diez minutos por día.

Al poco tiempo las pesadillas se volverán menos amenazantes hasta que finalmente cesarán; pero si persistieran, el terapeuta deberá seguir ayudando a su paciente con esa técnica.

En 1855, el médico Johann Börner, expuso en la Universidad de Wurzburgo, una disertación sobre el motivo de las pesadillas, que él atribuyó a un trastorno de la respiración, la disnea nocturna.

Hoy se cree que las pesadillas recurrentes se deben a la interacción de dos factores: 1) la predisposición hereditaria y 2) las circunstancias que las desencadenan.

La predisposición se comprobó con pruebas realizadas con gemelos univitelinos que coincidían en la cantidad de pesadillas.

Otros investigadores sostienen que las pesadillas se relacionan con la estructura de la personalidad, o sea que son más vulnerables las personas susceptibles o con carácter neurótico (angustiadas, irritables y depresivas).

Las vivencias traumáticas también pueden desencadenar pesadillas y hacer que persistan mucho tiempo, si no se hace ningún tratamiento.

Pero el desencadenante más común de las pesadillas es el estrés agudo por cuestiones familiares, escolares o laborales.

Algunos fármacos también pueden provocar pesadillas, como los antihipertensivos y los medicamentos para el Parkinson y la depresión.

Las personas con trastornos de ansiedad y las que sufren otras psicopatologías o adicciones, también tienen más pesadillas.

Fuente: “Mente y Cerebro”No.49/2011, “Ahuyentar las pesadillas”, Michael Schredl.

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