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El «talento artístico»

Publicado por Betina Ganim

Freud en 1909 sostenía que las fantasías, cuando el sujeto enferma, se transformaban en síntomas.

Aún así, consideraba que existían condiciones que favorecían que esas fantasías fueran depositadas en la realidad, sin ser necesario retraerse al mundo exterior y regresar a ese mundo infantil.

En esta quinta conferencia sobre psicoanálisis encontramos esta teoría: que cuando en una persona «peleada» con la realidad posee “talento artístico”, algo que Freud confiesa aún no haber investigado exhaustivamente, puede mudar esas fantasías en sus creaciones artísticas.

Esta es la vertiente más conocida, si se quiere, en lo que hace a la relación entre psicoanálisis y arte.

Luego, con Lacan tenemos otras maneras de abordar al arte y lo que este tiene para ofrecerle, para mostrarle a la teoría.

Lo cierto es que por esa época Freud sostenía que las producciones de los artistas tenían que ver con fantasías inconscientes plasmadas en sus obras. Eso salvaba o rescataba al individuo de escaparse de la realidad, utilizando el material de sus fantasías no para producir síntomas, sino para crear, manteniendo así un vínculo con la realidad.

Escapa de esta manera, al destino neurótico. Aquí Freud hace la comparación de la neurosis con un convento, esos conventos al que se retiraban los desencantados de la vida o los que no podían afrontarla.

Y aduce esa parte de su teoría concernida en lo “económico”, en el sentido de las fuerzas que operaban en el aparato anímico.

Así, Freud en sus inicios consideraba que la salud o la enfermedad dependía de la intensidad de las fuerzas que se oponían entre sí.

Pero bien, en esta última conferencia decide transmitir, a partir del planteo de esas cantidades y fuerzas en pugna, algo que venía reservándose: la cuestión de la transferencia.

Dice que tratando a sus pacientes neuróticos, había algo que estaba presente, un fenómeno extraño que se producía en ese dispositivo.

Esta es una de las teorías freudianas de la transferencia, una de las varias que encontramos en toda su obra.

Él aquí se refiere a la transferencia en tanto repetición de mociones reprimidas. Ese raro fenómeno Freud lo leía en la cantidad de mociones pulsionales de amor y odia que depositaban sobre su persona.

Transferencia como repetición, reviviendo “en transferencia”, en la relación con el médico, esas mociones pulsionales reprimidas que tal vez habían estado dirigidas, por ejemplo, a sus progenitores.

También, dice a su público, que es con este fenómeno de transferencia que podemos entender lo que sucede con la sugestión hipnótica. Por lo puede producir ese dispositivo analítico que se establece entre el analista y el paciente.

Y transferencia no se confunde con sugestión. Es decir, Freud no le atribuye este fenómeno a una actitud del analista para provocarla, sino que plantea que la transferencia se produce espontáneamente en todas las relaciones, en todos los vínculos, también entre el paciente y el analista.

La transferencia entonces, no es creada por el psicoanálisis, sólo que esto se le comunica al enfermo. Se interpreta la transferencia, decía Freud por aquel entonces. El le mostraba a sus pacientes, cómo ese odio o ese amor en todo caso estaba dirigido a otros, que el problema no era con él…

O sea utilizaba eso que sucedía en todos los ámbitos, pero en el análisis, Freud la usaba para avanzar en el tratamiento.

Y no quiere terminar de hablar sobre este tema sin antes haber dicho algo sobre la parte de transferencia que le toca al analista. El no queda exento de eso. Pero termina diciendo que ningún analista puede preciarse de tal si no ha pasado antes, él mismo, por la experiencia de la transferencia.

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