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¡Orden en la sala!

Publicado por María Gómez

Pudiera parecer que no tiene importancia a nivel psicológico, mucho menos que pueda influir en nuestro estado de ánimo, pero la realidad es que su efecto nos influye más de lo que creemos. Igual que entre el blanco y el negro hay una escala de grises, entre ser ordenado y vivir en el caos hay un término medio.

Las virtudes psicológicas de ser ordenado empiezan por encontrar las cosas más fácilmente. Incluso, se pierden menos cosas. Estas dos ventajas ya suponen un valor añadido, sin duda. Además, el tiempo que empleamos (perdemos) en buscar cosas a lo largo de la vida es irrecuperable. Tampoco defendemos la insistencia de las personas por mantener un orden exquisito en organizaciones de los objetos por colores o tamaños, no permitiendo que nada se salga de su sitio.

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En verdad, la (des)organización de nuestro entorno habla de nosotros sin necesidad de palabras. Un ambiente caótico, anárquico o desorganizado nos conduce a la confusión, nos aturde, nos turba. Además, no favorece demasiado la serenidad sino que altera nuestro estado de ánimo, aumenta nuestro nerviosismo, e impide alcanzar una concentración óptima.

En el extremo opuesto, un obseso del orden es considerado inflexible, con escasa espontaneidad, y que, posiblemente, o no haya lugar para improvisar en su vida.

Por lo tanto, intentemos definir ese punto intermedio que nos facilitará la vida al tiempo que no perdemos la razón en ello. Está demostrado que una cierta rutina con el orden y ser metódico en los procesos, puede producir cierto efecto para ser más longevo en tanto en cuanto nos hace más responsables, más maduros puesto que requiere entrenar para ser disciplinados. Asimismo, promueve el espíritu de sacrificio y fortalece nuestra voluntad, extrapolando todas estas potencias a otros ámbitos de la vida. En cierto modo, se convierte en una forma de vivir, en un modo de proceder. Cuando ser ordenado aporta claridad y constancia, se protege el equilibrio mental y se actúa con mayor seguridad.

Aunque pienses que eres un caso perdido y no tienes remedio, me alegra decirte que estás completamente equivocado. Los malos hábitos son difíciles de erradicar, de acuerdo. Pero el ser humano es testarudo cuando la causa lo exige. El orden se trabaja, se ejercita, se practica y luego se automatiza. Con toda seguridad, los resultados merecen la pena.

De igual modo, el mundo está repleto de desórdenes naturales que debemos ser capaces de asumir con naturalidad. Altos niveles de exigencia y de perfeccionismo pueden llegar a ser patológicos, llegando incluso a entorpecer el desarrollo de una vida normal y requiriendo ayuda psicológica, en casos extremos como el trastorno obsesivo compulsivo. No olvides que tu tiempo es demasiado valioso como para emplearlo en tareas demasiado innecesarias.

Parece obvio resaltar también que el orden no está relacionado con la clase social. Aunque solemos ver en los medios de comunicación que los hogares más humildes son los más descuidados, suele ser debido a motivos de otro tipo como el educacional, o el cultural.

En suma, cuando se empieza a desatender el orden de una casa, oficina, armario o lo que sea, lo normal es que se produzca un efecto dominó y se vayan descuidando otras esferas que rodean a la persona. Venga, olvida la pereza y pon orden en tu vida.

 

 

 

 

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