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Rasgos de la cultura

Publicado por Betina Ganim

Vimos ya la definición de cultura que Freud da en su ensayo «El malestar en la cultura y que había ya enunciado en su anterior trabajo «El porvenir de una ilusión».

Pero Freud propone no quedarnos solo en su definición, sino examinar uno a uno los rasgos de la cultura en las comunidades humanas.

De esta manera, empieza con la primera: es cultural el uso de herramientas de trabajo para poner la naturaleza a su servicio. Así, se va a la historia y nos remite a esas acciones culturales tales como usar herramientas, dominar el fuego y construir la vivienda. De esta manera va enumerando las máquinas que proveen la fuerza para el trabajo, la cámara fotográfica, los medios de transporte más evolucionados, el microscopio, el teléfono, la escritura…todos estos bienes los provee la cultura.

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No se trata ya de adjudicarle a los dioses todas estas cosas. Es el hombre mismo, dice Freud, muchas veces quien se cree dios. Aunque, nunca completo. Me gusta como lo dice Freud: «un dios con prótesis»: cuando e carga de medallas, de aparatos y demás, parece un dios; pero todas esas cosas no surgen de su cuerpo propio ni tampoco son garantía de felicidad.

A la vez, advirtiéndonos Freud de que esto está escrito en 1930 y que quizá en un futuro los progresos serán otros, que enaltecerán a los hombre a la altura de dioses, aún más. Pero sin embargo lo que Freud nos quiere decir es que aún así lo que nos interesa en este estudio de la cultura es que por más progresos científicos que haya, el ser humano no se siente tampoco feliz siendo Dios.

De todas maneras, sabemos que el nivel cultural de un país se mide por la creación de objetos útiles, tanto en cuestiones de una magnitud mayor como por ejemplo las construcciones arquitectónicas e industriales, como en cosas de menos utilidad quizá, pero que también son hechos de cultura: los arreglos florales de los espacios verdes en las grandes ciudades, o bien flores en los jarrones de las casas…

Se trata de la belleza; se le exige al ser humano hacer bellos a los objetos. Y no solo esto, también se le exige limpieza y orden, al punto que cualquier tipo de suciedad o desorden nos parece indigno de la cultura.

Asimismo, nuestro propio cuerpo es objeto de esta pretensión: belleza, limpieza, regulación… El orden, algo que fue provisto por la observación de los astros, fueron las grandes referencias que dio orden a la vida humana.

El orden no es más que una especie de compulsión a la repetición que establece las coordenadas de todo acto humano. Si bien su beneficio no puede negarse -por raro que parezca- el orden no suele ser una prioridad; más bien el ser humano tiene una tendencia al desorden, a lo irregular e informal, al descuido, por lo que se necesita de terribles esfuerzos si se quiere llegar a imitar el orden de los astros…

Es decir, que belleza, limpieza y orden son exigencias de la cultura, que claro no serán tan importantes como las que tienen el don de dominar la naturaleza, pero es claro que tampoco son simplemente accesorias.

FUENTE: FREUD, S. «El malestar en la cultura»

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