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Individuo y Cultura

Publicado por Betina Ganim

Freud -como hemos venido viendo en los posts inmediatamente anteriores- nos presentaba esos rasgos de la vida humana en general que constituyen de alguna manera lo que conocemos como «cultura», que sin embargo no dejan de ser apreciaciones nada nuevas, ya que podemos decir que son parte de lo que el sentido común nos aporta.

También nos advirtió de que hablar de cultura no implica que hablemos de «perfección».

En este texto, Freud intenta todo el tiempo abordar la cuestión desde otra perspectiva. De esta manera, la cultura va imponiendo cambios que tienen efectos en la evolución humana, regulando sus instintos, sus pulsiones, hasta el punto de que en su sitio aparezcan lo que llama «rasgos de carácter».

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Y nos da un ejemplo clásico: el erotismo anal en el varoncito. Así, ese interés que el niño va demostrando por los excrementos, la función de sus órganos, etc. se va trastocando a un «rasgo de carácter»: el orden, la limpieza, el ahorro son rasgos que tinen su valor en la cultura, pero que pueden llegar a tomar tal exacerbación que constituye lo que denominamos «carácter anal». Es algo que se verifica, esta cuestión retentiva relacionada con los bienes, el dinero, etc. se articulan sin lugar a dudas con este aspecto económico de la libido.

Respecto de la limpieza y el orden sabemos que son aspectos de la cultura que no son sin embargo básicos, fundamentales, como tampoco lo es que esto proporcione algún tipo de satisfacción por sí sola.

Es aquí que Freud ensaya que es con este ejemplo que se nos presenta por vez primera una relación entre lo que es el proceso cultural y la evolución de la libido en el ser humano.

Otras pulsiones trastocan su fin de satisfacción, yendo por diferentes vías, por el mecanismo de «sublimación». Es decir, se subliman los fines de la pulsión.

Este mecanismo de sublimación es un elemento e la cultura que tiene toda su importancia, porque por su intervención, todas las «actividades psíquicas superiores»: ideológicas, artísticas, científicas, cumplen un papel fundamental en la vida de las sociedades civilizadas.

En este punto Freud nos advierte de que pude ser que en principio nos tentemos a suponer que la sublimación es un destino de la pulsión que nos impone la cultura. Pero que nos será conveniente detenernos a reflexionar sobre esta cuestión.

A estos mecanismos le sumará uno más en este ensayo, que Freud considera el más relevante, ya que es evidente reconocer que la cultura descansa sobre lo que llamamos la renuncia a las satisfacciones pulsionales. Freud la llama aquí «frustración cultural»

Esta llamada frustración proveniente de la cultura es lo que va a regir y regular las relaciones humanas, los vínculos sociales.

No es fácil entender cómo se le puede extraer su satisfacción a la pulsión; de hecho, este es un fin que no está para nada exento de riesgos y peligros, ya que si eso no está compensado económicamente de alguna manera, aparecerán trastornos graves…

Para terminar, y poder continuar con esa comparación entre el desarrollo normal del ser humano y el desarrollo cultural, es preciso encarar otro problema: ¿Cuáles son los factores que están en el origen de la evolución cultural? ¿Cómo surgió y qué la llevó a su dirección posterior?

FREUD,S. «El malestar en la cultura»

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