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Registros del ser

Publicado por Betina Ganim


En este y en algunos posts siguientes me dedicaré a transmitir lo que Jacques-Alain Miller dice en su curso «El ser y el Uno», en realidad a una parte que se ha traducido y establecido para la «Revista Freudiana», llevando por título «El estatuto de lo real».

Por un lado tenemos la «función nodal del fantasma», que Miller extrae de la concepción lacaniana del fantasma en tanto construcción imaginario-simbílica. De esta manera, el fantasma es «la ventana del sujeto sobre lo real». Es la matriz a partir del cual se ordena la realidad, el mundo de cada sujeto. Miller dice «función nodal» haciendo referencia a la topología, pero destaca que antes ya Lacan hablaba del «losange», ese «rombo» que articula $ y a en la escritura que Lacan hace del fantasma: $ a.

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Ese símbolo proviene de la lógica nodal, y es utilizado para designar «lo posible». Una estructura que indica la existencia de una relación. Es decir, en el axioma «no hay relación sexual» no se puede entonces usar dicho símbolo.

Ese símbolo lo escoge Lacan para dar cuenta, en cambio, de esa relación entre $ y a, una relación entre dos órdenes (no dos elementos): el orden simbólico y el orden imaginario.

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Cuando hablamos de «órdenes» en término lacanianos estamos haciendo referencia a «registros», que alcanzan no solo lo simbólico, sino también lo imaginario y lo real. Son registros del ser, registros ontológicos.

Jacque Lacan se ha ocupado a lo largo de toda su enseñanza de describir estos registros, estos órdenes, de manera separada:

-ORDEN SIMBÓLICO: relaciones lingüísticas y matemáticas;
-ORDEN IMAGINARIO: como un repertorio de imágenes de las que algunas no son accesibles a la conciencia.

De esta manera, el fantasma indica una relación, una conexión particular de lo simbólico con lo imaginario. El fantasma está compuesto de elementos de esos órdenes diferentes. El ejemplo freudiano es «Pegan a un niño», fantasma en el cual «el niño es pegado» denota claramente una escena y una articulación significante.

En cuanto a lo que la cura analítica respecta, podemos decir que se ha descripto muy fácilmente y desde siempre abordándola desde el orden imaginario o desde el orden simbólico. En esta oposición tenemos la clara controversia de Lacan a principio de su enseñanza con los llamados «postfreudianos», que se limitaban a operar desde y con lo imaginario, desconociendo toda una parte de Freud que no puede más que relacionarse con lo simbólico: las formaciones del inconsciente.

Volviendo a la noción de «fantasma» decimos entonces que se concretiza en una relación entre dos órdenes diferentes: el $ (sujeto barrado) y el a (el objeto tomado como objeto imaginario). Esta escritura del fantasma, tal como la escribí más arriba, será utilizada por Lacan durante varios años, hasta que en su última enseñanza, como la llamamos, liquidará todos los elementos y todas las construcciones.

El $ es ese sujeto simbólico que representa un vacío de significación, una negación del ser, es decir, condenado a identificarse, no le queda otra…
Del orden imaginario, tenemos el a, ese objeto que incluye todas las formas imaginarias que pueda asumir un deseo.

FUENTE: MILLER, JACQUES-ALAIN. «El estatuto d elo real». En Revista Freudiana, 63. (2011)

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