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El estatuto imaginario del goce

Publicado por Betina Ganim


Si retomamos el concepto de «phantasieren» de Sigmund Freud, veremos que tiene que ver más con lo imaginario -si entendemos lo imaginario ampliamente, abarcando todo el campo de la representación.

En el post anterior me dediqué a exponer lo que conocemos como la primera teoría del fantasma en Jacques Lacan, siguiendo el curso de Jacques-Alain Miller «El Ser y el Uno», cuyo plantea implica una relación entre órdenes diferentes: sujeto (simbólico) objeto (imaginario)

por quien y para quien

Miller está de acuerdo con el traductor de la obra de Freud, Jean-Pierre Lefevre, quien había traducido «fantasma» como «representación imaginaria». Con esto, quería dar cuenta de que lo que se llama «fantasma» es una creación del psicoanálisis francés, un término que no considera el «Phantasieren» freudiano.

Decía entonces que lo imaginario contempla el campo de la representación, y la fórmula del fantasma $a ha sido usada por Lacan durante mucho tiempo y siempre tendrá valor aunque luego Lacan diera el giro de pensar al fantasma como una relación de lo simbólico con lo real, en tanto el a de la escritura del fantasma, ya no se tratará del objeto imaginario, sino que ese pequeño a es de orden traumático e inasimilable, quedando de todas maneras siempre presente en el fantasma.

SR

Para ordenar un poco esa relación tenemos una fórmula que Lacan da en el Semianrio 8, «La transferencia» que nos permite pensar muy bien esa conjugación de un agujero y un tapón: que se escribe

a/ -fi

Este matema Lacan lo usa también para hablar del final de análisis, de las dos versiones del final de análisis: o bien como acceso al agujero de la castración, o bien el acceso al objeto pequeño a (tal como Freud lo pensaba, Lacan a esta altura consideró al objeto a como la continuación del objeto pregenital freudiano)

Generalizando un poco, Miller dice que algo así (lo equívoco del concepto de objeto, si imaginario o real) ocurre con el concepto de goce, que en un momento de su enseñanza quedaba del lado de lo imaginario, y luego de lo real. Es que a comienzos de su enseñanza Lacan, como sabemos, le ha dado primacía al orden simbólico, de un lado; y por otra parte está la representación, lo imaginario.

De este modo, el concepto de cuerpo que se maneja en ese momento tiene que ver con la imagen del cuerpo: un cuerpo sostenido por la representación, un objeto de contemplación, de satisfacción, que da cuenta del hoc ene juego. Vemos en el Caso Schreber que el goce ese despliega en tanto imaginario: «sería bello ser una mujer…» La belleza exaltada sostiene allí el goce como imaginario. Dice Miller que este es un estatuto estético del goce, que permite poner en movimiento lo que tiene que ver con el arte, con el goce contemplativo que se pone en juego con la obra de arte.

Entonces, podemos decir que Lacan parte del goce ubicándolo del lado de lo imaginario. Es en un movimiento posterior cuando ubica al goce del lado de lo real

FUENTE: MILLER, JACQUES-ALAIN. «EL ESTATUTO DE LO REAL» REVISTA FREUDIANA Nº 63.

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