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Atravesamiento del fantasma y goce

Publicado por Betina Ganim


Respecto de lo que venía comentando sobre la problemática del final de análisis, yendo a Freud para luego ir a Lacan, decía que a diferencia de Freud, para Lacan el análisis tiene un fin, y sostiene que podrá superarse, atravesarse esa escena fantasmática; que es sobre ésta que se podrá superar, por ejemplo lo que Freud llamaba el «Pennisneid» en las mujeres, la envidia del pene.

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La virilidad tiene que ver con el fantasma; esto es, la virilidad reposa sobre un completamiento de la castración fundamental con el objeto a «objeto a». Para explicarlo de otro modo, el objeto pequeño a viene a ocupar, taponando el «menos fi», y el resultado será: «fi». Se tapona la falta de la castración con un objeto.

Lo que Lacan dirá, es que el fantasma es siempre fálico. El rechazo de la feminidad, tanto en los hombres como en las mujeres, está situado sobre la escena del fantasma fálico. Existe entonces la idea de que pude destituirse al sujeto de su fantasma; es decir, decirle «si» a la feminidad. Se lo puede hacer renunciar al rechazo que afecta a todo ser parlante (no solo a los hombres)

Lacan pone en este caso el ejemplo del psicoanalista: que la posición analítica es homóloga a la posición femenina. Un analista no pude estar instituido por el fantasma fálico.

Dice Jacques-Alain Miller -en este Curso «El Ser y el Uno» del que les estoy transmitiendo solo una pequeñísima parte- que en el siglo XXI podemos verificar esto perfectamente, donde cada vez más se puede vislumbrar cómo el psicoanálisis quedará en mano de las mujeres. Entonces, si leemos desde la actualidad lo que Freud llamó «aspiración a la virilidad», nos suena bastante discordante, ya que hoy en día lo que vemos es más bien una «aspiración a la feminidad». Una aspiración, claro está, que pone los pelos de punta a los fundamentalistas del orden androcéntrico.

Si bien Miller aclara que no es un debate que esté acabado -ni mucho menos- lo que Lacan consideraba «atravesamiento» depende mucho del orden imaginario en cuestión. La idea era que hay una pantalla, que sería la pantalla del fantasma y que ella puede atravesarse, puede traspasarse en dirección de la «nada» (uno de los conceptos de finales de análisis que les transmití en posts anteriores). Esa «nada» no es más que la nada de la castración simbólica; o, podemos decirlo también, la «no relación sexual».

Sin embargo, en ambos casos el soporte de esa pantalla es la referencia al falo.
En este punto, podemos decir que en relación al deseo, esto funciona perfectamente; es decir, hay un atravesamiento del fantasma que tiene como efecto una revelación d ella verdad que da acceso al «nudo de la verdad».

Pero si vamos al goce, ¿eso funciona de la misma manera? Porque si la cosa marcha respecto del deseo es porque el falo es un semblante. Lo que no queda del lado del semblante es el goce, que está del lado de lo real.

Es decir, que el haber atravesado la pantalla del fantasma no resuelve la cuestión del goce.

FUENTE: MILLER, JACQUES-ALAIN. «ESTATUTO DE LO REAL». REVISTA FREUDIANA NÚMERO 63.

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