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El fantasma como defensa ante la angustia

Publicado por Betina Ganim


Lacan se pregunta en su Seminario 10, La Angustia, que si el fantasma perverso puede estar presente en una neurosis,¿para qué le servirá al neurótico un fantasma perverso?

Teniendo en cuenta lo que viene desarrollando en la clase IV («Más allá de la angustia de castración») sobre la función del fantasma (los remito a posts anteriores), dirá Lacan que hay que comenzar diciendo que aparece algo del orden del «a» sobre la imagen, encima de esa i(a) que aparece en el esquema óptico.. Ese es el lugar del Heim que nos había hablado en la clase anterior, nada más y nada menos que el lugar de la angustia: el Heim de lo «unheimlichkeit».

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Ese fantasma que usa el neurótico (y que organiza cuando lo tiene que usar) le sirve para defenderse de la angustia, para recubrir la angustia.

El neurótico se hace ser un objeto en su fantasma; el neurótico se hace ser este objeto «a» que introduce Lacan a esta altura de su enseñanza, que conocemos como el segundo retorno que hace Lacan a Freud. Y ese objeto «no le pega ni con cola», e spot ello que el neurótico no hace mucha cosa con su fantasma… Está bien que eso lo defiende de la angustia, precisamente en la medida en que es un «a» postizo.

Es interesante cómo Lacan dará cuenta de esto que nos dice: lo hace a partir del caso que conocemos como «la bella carnicera» (un caso de Freud).

A ella le gusta el caviar, solo que no lo quiere…porque eso podría dejar contento a su esposo, que parece que es un hombre bastante «comilón». Lo que a ella le importa es que su marido se quede con ganas… de esa nada, pequeña nada, que ella se guarda.

Esta es la fórmula que tenemos claramente para la histeria, pero hoy (decía Lacan en el año 1962) esto se puede aplicar a todos los neuróticos. El objeto a que funciona en su fantasma, y que sirve de defensa frente a la angustia, es al mismo tiempo la «carnada» con la que retienen al Otro…Es gracias a esto, a la historia, que existe el psicoanálisis.

El caso freudiano sobre Ana O. lo ilustra muy bien. Estos historiales de Freud pre-1900 no tienen desperdicio, es más, considero que al último Lacan conviene leerlo con el primer Freud. Ella les presenta a Breuer y Freud todos sus fantasmas,y ellos se sintieron como peces en el agua… En «Estudios sobe ella histeria», Freud se sorprende, y queda maravillado por la cuestión de que no había defensa en ella… A Breuer, comenta Lacan, esto lo atragantó. Sin embargo Freud pudo servirse de su propia angustia frente a su deseo.

Pero hasta aquí llegaré hoy, no me quiero meter con el caso de Ana O. ahora. En el próximo post continuaremos con él, ya que nos va a permitir dar el paso para reconocer lo que constituye el límite «entre el neurótico y los demás».

FUENTE: LACAN,J.EL SEMINARIO DE JACQUES LACAN. LIBRO 10, LA ANGUSTIA. CAP. IV «MÁS ALLÁ DE LA CASTRACIÓN». ED. PAIDÓS.

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