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El Fantasma lacaniano

Publicado por Betina Ganim

Como he venido puntuando respecto de este concepto tan usado en psicoanálisis -tanto aún como el concepto de síntoma, respecto del cual he situado las diferencias- se pueden plantear, siguiendo a Miller, tres dimensiones del fantasma, que responden a los registros que han atravesado desde un comienzo la enseñanza de Jacques Lacan: imaginario, simbólico y real.

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¿Cómo se articulan estos registros en el concepto de “Fantasma”?

Tenemos, por un lado, el aspecto imaginario del fantasma. Este aspecto tiene que ver con todo lo que el sujeto es capaz de producir con las imágenes de su mundo o con los personajes que lo rodean. Aquí podríamos incluir el concepto de “fantasías” para ilustrar este aspecto imaginario del fantasma. Este aspecto fue el primero que abordó Lacan y lo encontramos en su Esquema L (o Lambda) en un vector que va de a-a’. El llamado vector imaginario del esquema. En ese momento Lacan situaba en dicho vector todo lo relacionado con los fantasmas (en plural, en tanto fantasias) Se trata allí de una relación imaginaria más o menos fantasmatizada que se relaciona con lo especular, en esa reciprocidad entre el yo y el otro, que se escribe a-a’. Lacan ubica en ese vector imaginario la relación entre el sujeto y sus imágenes.

En cuanto al aspecto simbólico del fantasma, podríamos decir que se trata de su aspecto más singular si se quiere, en tanto que no es evidente de entrada, sino que se trata de la parte guionada del fantasma. Una novela, una pequeña historia o escena que tiene ciertas reglas internas propias. Esas reglas tienen que ver con las leyes de construcción de la lengua en sí. En Freud podemos ubicar, respecto de esta versión del Fantasma, el que conocemos como “Pegan a un niño”. Allí se muestra paradigmáticamente que el fantasma es una frase. Una construcción gramatical dividida en tres tiempos constituidos por variaciones gramaticales de la frase en cuestión: “Pegar, pegarse, hacerse pegar”.
Veremos en un artículo posterior más detalladamente este texto freudiano y su análisis.
Por lo pronto, y retomando este aspecto simbólico del fantasma, esa ficción guionada, implica en la enseñanza de lacan un giro respecto de la primacía del registro simbólico sobre el imaginario. Recuerden que la enseñanza propiamente dicha de Lacan comienza cuando plantea lo simbólico como novedad (una novedad que tiene que ver con la lectura a la letra de los textos freudianos)

El relevamiento de este aspecto simbólico del fantasma implica entonces un desplazamiento que situará una “lógica del fantasma”. Dijimos que el fantasma es una frase, pero ¿qué tipo de frase es el fantasma fundamental? Podemos decir que es ese tipo de frase que la lógica nombra como “axioma”. Una frase, un axioma que estará íntimamente vinculado al deseo del Otro. Con esa falta en el campo del otro del lenguaje.

Para terminar, diré algo del tercer aspecto del fantasma que es el aspecto real. En este sentido, lo real para Lacan es lo imposible. En su Seminario 3 sobre Las Psicosis, Lacan planteaba ya lo real como lo idéntico a sí mismo, y si lo llevamos al campo del fantasma decimos que el fantasma es eso imposible de cambiar. En este sentido, retomando un poco lo que dijimos en posts anteriores, un análisis no intenta cambiar ese real. Una experiencia analítica implicará un saber hacer con; cómo modificar la relación del sujeto con lo real del fantasma. En este camino, se irá decantando un residuo, que no es más que ese fantasma fundamental que se manifiesta en cierta inercia difícilmente dialectizable.

El fantasma fundamental se trata entonces de ese residuo que queda del paso por una experiencia analítica; se trata de un instante que no se interpreta pero sin embargo es un instrumento del que se sirve la interpretación analítica como tal.

Ese instante que es el fantasma fundamental, fija al sujeto en una posición particular, lo congela, lo coagula en una singular posición. Así tenemos esta escritura que ya les había introducido $ losange objeto a.

El sujeto, tal como lo entendemos en psicoanálisis, es efecto del significante, no se trata del individuo, de la persona, sino que el sujeto sólo puede ser representado por un significante para otro significante. El sujeto así “se mueve” con el significante.

El fantasma, en cambio, coagula para el sujeto una posición fija, se hace ser un objeto que funciona como tapón de la falta del Otro.

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