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Amor y Fantasma

Publicado por Betina Ganim

Respecto del amor y el deseo, esa oposición que marcaba ya Freud con su Liebe, se verifica clínicamente, ya que el amor en tanto deseo no se sostiene en un objeto sino en un complejo entramado que Lacan llamó «fantasma».

Y si vamos a la investigación de las condiciones de amor, se demuestra que el amor tiene como condición un particular guión fantasmático para el sujeto.

En este sentido, podemos decir que está por un lado el yo (el moi) y por otro lado la imagen del otro, que Lacan escribe: i(a). Aquí tenemos, en el fantasma, el sostén imaginario del amor, o el estatuto imaginario del amor: amar la imagen del otro, en tanto imagen especular.

Pero además tenemos que en el fantasma tenemos al sujeto tachado $, el sujeto se encuentra dividido entre dos imágenes, y se ubica en una o en la otra. Pero también en el fantasma tenemos que, en tanto sostén imaginario del amor, hay la escondida dimensión de una satisfacción,ese pequeño objeto a, pero no en su estatuto de otro especular, sino ese petit a que entraña una satisfacción.

Escribimos con Lacan la fórmula del fantasma: $ losange a. Esta es la fórmula del fantasma una vez que ya se ha descifrado a su nivel fundamental.

El concepto de «fantasma»en la enseñanza de Lacan lleva a un más extenso, complejo y detallado desarrollo, que excede este espacio, por lo me limitaré a decir que esta manera de escribir el fantasma nos lleva a que en cuestiones del amor, éste es un modo de fantasma… Podría decirse que el amor es un efecto de significación en la cadena del fantasma.

Miller nos dice que hay dos efectos de significación: por un lado tenemos el odio, la destrucción, si el fantasma tiene un modo sádico. O bien, está la modalidad masoquista del fantasma.

¿Cómo leer este pequeño objeto a, objeto de satisfacción, en el fantasma, en tanto se trata del amor? Freud ya da una respuesta al decir que ese objeto está escondido de dos maneras: anaclítica o narcisística. O sea, ese objeto puede estar escondido por el sujeto o bien por el otro.

Ya con Lacan y su esquema Z, tenemos que el amor narcisista está en la vertiente imaginaria (a-a’) y el anaclítico en la relación del Sujeto al Otro con mayúsculas.

De esta manera, en esta misma oposición, podemos decir que el narcisismo es el amor como tentativa de reducir al Otro con mayúsculas, al mismo. Mientras que en el amor anaclítico, en esa modalidad que heredamos de la obra de Freud, se trata por el contrario de erigir un Otro a quien demandarle.

El Otro del amor es el Otro a quien se le pide, de quien el sujeto depende. Si hablamos de la modalidad narcisita de amor, ahí no se pide nada, pero en cuanto hablamos del amor anaclítico se trata de ese Otro al que se ama en tanto se depende de él; la dependencia implica el pedir. Y la demanda, el pedir es una de las maneras en las que se esconde esa satisfacción que implica el pequeño objeto a escondido.

FUENTE: MILLER, J-A. «Introducción al método psicoanalítico»

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