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Corre con la cabeza en los pies

Publicado por María Gómez

Si has paseado por cualquier parque de cualquier ciudad de cualquier país del globo terráqueo, te habrás cruzado, con total seguridad, con algún corredor o «runner». Son cada vez más las personas que se animan a echarse kilómetros al cuerpo. Quizá tú mismo eres un experto corredor, o un principiante, o tal vez te estás planteando iniciarte en el ejercicio aeróbico con esta modalidad.

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Aquí no encontrarás consejos acerca de cómo realizar los entrenamientos. Se trata más bien de acercarte a la psicología del corredor. De contarte lo que puede sucederte si entras en el mundo del running.

Lo normal, es que una vez decidido, tu nivel de motivación sea tan elevado que te dirijas a la tienda de deportes más cercana a gastarte una cantidad considerable de dinero en ropa deportiva y, como no, en las mejores zapatillas de running que tengan disponibles. Te enfundas toda la equipación y te lanzas. Cuando consultas tu reloj, los treinta segundos que llevas corriendo te han parecido treinta horas. Al día siguiente, has buscado un nuevo entretenimiento.

Para correr, mejor dicho, para ser constantes, hay que tener claro que mente y cuerpo están indisolublemente relacionados en este ámbito. Igual que se entrena el cuerpo, la mente ha de ser instruida para que pueda impulsar al cuerpo cuando éste cree que ya ha dado el máximo de sí.

Marcarse unos objetivos concretos y, sobre todo, alcanzables ayuda al cerebro a mantener la concentración en la consecución de los mismos. Para que nuestra motivación nos obligue a superar etapas de entrenamiento, es importante tener confianza en uno mismo y en nuestras capacidades, siempre dentro de límites realistas y factibles. De lo contrario, la motivación caerá en picado y acabaremos por abandonar. Por tanto, es aconsejable realizar un ejercicio de autoconocimiento basado en datos objetivos y en el registro de sensaciones a lo largo del recorrido.

Nos encontramos con que sobrepasar nuestras expectativas de logro cuando corremos más distancia, recortamos unos segundos, o agrandamos la zancada, nos proporciona tal sensación de superación personal que automáticamente provoca el deseo de seguir mejorando.

Mientras corres, tu cerebro recibe suficiente estimulación como para que resulte cognitivamente rentable favoreciendo actitudes positivas y proactivas. Aviva la consecución de habilidades vinculadas a la disciplina, la constancia, el progreso. Todas las ventajas se trasladan al modo de actuar las demás facetas de la vida.

Eres libre de elegir correr solo o en compañía. Tal vez, puedas combinar ambas facetas. El running puede ser otra fuente de relaciones personales. Un ambiente en el que conocer gente con la que sabes que compartes, al menos, una afición. El compañerismo y la fraternización se ponen de manifiesto desde los primeros momentos. Hay trabajo en equipo y cuando un miembro flaquea siempre hay otro dispuesto a echar una mano.

No tengas prisa en llegar, disfruta del trayecto, de tus avances. Diviértete. Pronto sentirás que correr ocupará un lugar privilegiado en tus quehaceres diarios y encontrarás tiempo (incluso bajo sus inclemencias) para dedicarle a coste de tumbarte plácidamente en el sofá delante de la televisión.

 

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