Psicología

El amor como un Arte

Publicado por María Fay

Para Erich Fromm, el amor, más que un objeto es una facultad. Facultad que debemos conocer y desarrollar.

El autor, en su libro, El arte de Amar, explora los conceptos que manejamos socialmente respecto del amor.

Todos buscamos amor, en mayor o menor medida, incluso aunque no se reconozca concientemente. La cuestión es que, frecuentemente, el foco está ubicado más en conseguir ser amado, que en aprender a amar.

El amor requiere de conocimiento y esfuerzo, no es un efecto azaroso y casual que se encuentra caminando por la vida de un momento a otro.

El amor se ejerce y se trabaja, implica un proceso de conocimiento propio y del otro, y un desarrollo de la capacidad de ambos para crecer en ese vinculo mutuo, donde la comunicación es la herramienta fundamental.

Desde el Psicoanálisis, la necesidad humana de hacerse querer se desprende del temor, resultante del Complejo de Edipo, a perder el amor parental.

Uno de los motores para que la mayoría de las personas busque agradar, adherirse a patrones sociales impuestos, modales y formas de vestir, tiene que ver con esta necesidad de formar parte social y culturalmente. 

Sentirse parte de la sociedad y ser querido, aceptado y respetado por otros.

La culpa y la vergüenza que emergen como resultado de alguna conducta mal vista socialmente, o de algún “error” en la forma de desempeñarnos y comportarnos nos vincula con ese miedo central: dejar de ser querido, concordante con la fantasía inconsciente de ser expulsado, abandonado.

Fromm lo denomina intentos del ser humano por contrarrestar o reparar la Separatidad. Este concepto hace referencia a la noción que adquiere el ser humano a lo largo de su desarrollo, de que es un individuo separado del resto.

Este proceso es saludable en tanto le confiere la posibilidad de constituirse subjetivamente, pero a la vez le genera gran angustia, porque implica que puede quedarse solo.

Con el afán de superar esta sensación de separatidad, o según otros autores, alteridad, el ser humano intenta todo para ser querido por otros. Sin embargo, en ese afán, se pierde la dimensión de lo que implica la capacidad de amar, herramienta sin la cual la continuación de todo vinculo se dificulta.

Es necesario asimismo diferenciar la experiencia de enamoramiento inicial, de la permanencia en el amor.

Lo primero es poco duradero e implica la emoción y excitación producto del encuentro entre dos personas que logran dejar caer sus barreras para vincularse afectivamente. En este momento, la exaltación es producto del contraste con el estado de soledad previo, siendo la unión inicial revolucionaria en tanto ha logrado el objetivo: dejar de estar solos.

Pero esto, como dijimos, no dura demasiado. Rápidamente ambos se llegan a conocer más en profundidad y esa intimidad que han logrado pierde gradualmente ese carácter milagroso. La excitación baja y es este el momento en el que la capacidad de amar de cada uno debería entrar en juego.

La unión con otro no es algo que se produzca per se. Somos individuos, y a este afán por unirnos debemos sostenerlo con esfuerzo, trabajo y paciencia. La inercia nos lleva otra vez a la soledad. El otro, por mas conocido que nos sea y por más años compartidos, siempre será eso: otro.

Y entender sus circunstancias y su mundo interno será siempre un desafío.

La comunicación entre seres humanos esta plagada de dificultades, porque nunca podremos saber verdaderamente lo que el otro interpretó de lo que dijimos.

De aquí el famoso malentendido lacaniano. La subjetividad y la alteridad implican que siempre habrá problemas en lo que respecta a los vínculos.

El punto está en tenerlo presente, para no esperar milagros. En el amor, siempre será necesaria una tarea constante y perseverante, y en esto, no hay queja que valga.

La verdadera reflexión es la de cuestionarnos cuán dispuestos estamos a llevarla a cabo, y hacernos responsables de ese vinculo que deseamos sostener.

Categorías: Amor, Psicoanálisis, Psicología Clínica, relaciones de pareja