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Combatir y comprender

Publicado por Betina Ganim


Si decimos que no hay más que semblantes, Miller retoma esta cuestión preguntándose entonces a qué se debe que existan unos en vez de otros, ¿por qué estos y no los de antes? por ejemplo… Bien se trata de la construcción, y ésta depende de una decisión arbitraria, ya que no hay un fundamento absoluto. Con esto también hago referencia a lo que les hablé el post anterior: de que no hay Otro del Otro, del famoso matema de S(A/).

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La lingüística se atormentó con este tema: con que no existe este fundamento último, de la arbitrariedad del signo; es decir, que existe una relación arbitraria entre significante y significado. Podemos decirlo también así, tal como Miller lo destaca en su curso «Piezas sueltas» (2004), que no hay relación necesaria entre el significante y el significado.

Se trata que más bien se trata de una relación «inmotivada» -se sostenía, como para dar una explicación. Luego de considerar esa relación inmotivada, se trató de encontrarle cierta motivación: por ejemplo fonológica. Si decimos «papá» es porque el bebé empieza a decir pa-pa-pa. Claro que si nos ponemos a pensar ejemplos, puede resultar hasta divertido y podemos encontrar algunas coincidencias. Pero nada dice que eso implique que haya una relación arbitraria entre significante y significado. La cuestión es que hay una ruptura de la causalidad, sostiene Miller.

Tal ruptura de causalidad nos lleva al imperativo: «Esto es así y es así, porque yo lo digo». No es más que el discurso del más fuerte… Y el más fuerte te puede decir: «Eso se cura con una TCC (terapia cognitivo-comportamental)». Y nosotros como analistas podemos discutir, oponernos, pero lo interesante es que también podemos comprender el por qué de la existencia de estas terapias, comprendiendo por ejemplo este fenómeno como un fenómeno de la época, de esta civilización. Un época que nos lleva a vérnoslas con ciertos despojos, con un cadáver, con Uno por Uno, con la singularidad…

Es muy interesante lo que plantea Miller en este punto: «que las terapias cognitivo comportamentales (TCC) no son más que el efecto del retoño del psicoanálisis». Aaron Beck* fue el creador de las TCC, quien primero se analizó, fue analista y como era un creyente de la razón, abandonó el psicoanálisis, y fue su hija Judith Beck quien lo ayudó a levantar vuelo con esta cuestión de las TCC.

Pero bien, Miller nos plantea un interesante matema :
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Es decir: el sujeto barrado, tachado, comandado, mandado por el Amo, en cuyo lugar ubica a Skinner.

Pero, termina diciendo Miller, está bien que seamos combativos, pero en esta época de guerras entre la religión y el mercado, leyes prohibitivas, etc, el tema no son las TCC en sí, sino que tenemos que comprender lo que está ocurriendo, los objetivos que se buscan.

En fin, se trata de comprender lo que está sucediendo en la civilización de la que no somos solo testigos, sino actores directos de la película de nuestra época

*N.de A: Del texto de Miller surge «Harold Beck», pero según Google consta Aaron T. Beck.
FUENTE: MILLER, JACQUES-ALAIN. «PIEZAS SUELTAS» Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller. Ed. Paidós

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