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Qué hombre desean hoy las mujeres

Publicado por Malena


Los tiempos cambian y los roles también; y en las parejas se producen desencuentros y desilusiones, producto de las expectativas que ambos tienen, que a veces no guardan relación con los tiempos que corren.

Es difícil ubicarse en el tiempo, porque cada uno tiende a vivir en su propio tiempo subjetivo, el que le agrada, creyendo que a los demás también.

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Conservan hábitos y costumbres de sus antecesores, que tuvieron vigencia en otras épocas y se quedan atrapados en una estructura de formas y expectativas, tratando de vivir de acuerdo a ellas y convenciendo a su descendencia.

Puedan disfrutar de lo nuevo incluso con una óptica pasada de moda pero sin abandonar ningún valor relativo a otras circunstancias y otros tiempos; en tanto que otros en cambio, pueden aprovechar los cambios para su propio beneficio.

Las mujeres en general parecen esperar todavía que los hombres las protejan, respondiendo a una posible necesidad ancestral que puede ser genética.

Sin embargo, no faltan hombres que también buscan en la mujer a alguien que los cuide, como lo hacían sus madres.

La necesidad de seguridad existe en todos los seres humanos y la mayoría necesita algún tipo de contención, un marco de referencia donde cada uno se sienta reconocido, aceptado y querido; y donde tenga la posibilidad de perpetuarse en su descendencia.

La protección que anhelan las mujeres modernas no implica dependencia, ni la posibilidad de ser anuladas como personas, sino que significa necesidad de apoyo con plena libertad para ser ellas mismas, respetando su identidad y singularidad y reconociendo su valor como persona única y distinta.

Una mujer siempre necesitó este tipo de protección del hombre, sólo que en otros tiempos, el medio cultural aún no le permitía tener conciencia de ello.

La protección no necesariamente incluye ser mantenida económicamente por el hombre, porque el poder económico siempre va acompañado del poder sobre las decisiones.

Aunque parezca una utopía, a toda mujer le agrada que el hombre sea atento, sepa expresarse bien y tenga buenos modales y que no utilice su superioridad física para beneficiarse solamente él, sin tener en cuenta a los que están a su alrededor, en inferioridad de condiciones.

La imagen que tienen las mujeres de los hombres que aún se encuentra en el inconsciente colectivo, es la del héroe mitológico, el que salva a la doncella de los malvados, el que es capaz de jugarse la vida por ella, y de realizar proezas para lograr su amor.

El hombre que desea conquistar a una mujer debe saber que jamás se deberá precipitar, que deberá actuar con una estrategia que exija el tiempo necesario para obtener los resultados concretos deseados, sin atreverse a dejarse llevar por la impaciencia o arrebatos, por la necesidad imperiosa de lograr objetivos a corto plazo.

Porque ninguna mujer desea ceder ante la presión sino que anhela rendirse ante la pasión del amor.

A las mujeres les agradan los hombres aseados y prolijos, que no se dediquen demasiado a su persona pero que sean capaces de estar presentables y limpios.

En general, les agradan los hombres que tienen algo que decir y que para ello tengan un vocabulario abundante y fluido, aunque físicamente no sean tan bien dotados. Porque la belleza física sirve para una primera impresión, que luego puede cambiar al advertir que sólo se trata de alguien que sólo es un cuerpo bien formado sin nada adentro.

Sólo tienen algo que decir los que tienen intereses, los que se apasionan por su trabajo, por la realidad, y por otras cosas, que no sean nada más que las enfermedades o el tiempo.

La seguridad en si mismo, es una cualidad que no sólo sirve para atraer a las mujeres, sino que es una condición esencial para que la vida de cualquier hombre sea un éxito; que no significa obstinación ni fanatismo, sino la forma de pensar de alguien que cree en él mismo.

Las mujeres prefieren a los hombres que no eluden los compromisos, no sólo en sus relaciones afectivas sino en todas las oportunidades en que se enfrentan con un desafío.

Les atraen los hombres generosos y no los mezquinos, que no piensen en acumular dinero para obtener poder sino para compartir, realizarse y crecer.

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