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Vacaciones emocionales: el verdadero descanso.

Publicado por Lic. Maria V.

Se acerca fin de año y posteriormente el verano y, por más que este haya sido un año atípico y las posibilidades de viajar se vean restringidas, el cansancio acumulado se hace sentir y comienzan las ideas sobre las vacaciones.

Este año, más que ningún otro, vivimos el verdadero agotamiento psicológico. La salud mental y emocional se ha visto severamente afectada.

El estrés y la incertidumbre por la que transitamos, el encierro y los cambios sobre nuestro modo de vida tienen fuerte incidencia sobre nuestro estado psíquico. Por esto mismo, se vuelve esencial plantear la necesidad de unas vacaciones emocionales, donde se prioricen hábitos saludables desde el punto de vista psicológico.

Si en otros años el interés se enfocaba en buscar algún lugar, reservar, contabilizar económicamente lo necesario para solventar las vacaciones, sería esperable que este año el foco se ubique en las necesidades emocionales.

Las vacaciones muchas veces lo son de palabra. Implican más bien un cambio de lugar y de rutinas pero muchas personas continúan conectadas a su trabajo o a las exigencias y preocupaciones cotidianas. Estar conectados al celular constantemente y pasar de hacer fila en un banco a hacer fila en una playa o en un restaurant serían ejemplos de esto.

Si hablamos de Vacaciones Emocionales el núcleo no está en dónde sino en cómo. Podemos estar estresados en cualquier lugar del mundo y permitirnos conexión emocional sin movernos de nuestra casa. Este año se presenta una oportunidad en este sentido, ya que en gran medida se ve transformada la modalidad convencional de vacacionar.

Para pensar en vacaciones emocionales la pregunta correcta sería: ¿Qué necesito? ¿De qué rutinas, información, estímulos, personas y ambientes necesito alejarme por estos días? ¿Qué otros entornos, lugares, espacios, hábitos y pasatiempos disfruto y me ayudan emocionalmente? Si este es el punto de partida, el modo en el que pensar y planificar vacaciones cambia rotundamente.

Muchas veces estas reflexiones no son posibles, porque hay patrones automáticos e inconscientes que se repiten sin posibilidad de ser cuestionados. A veces impulsivamente sostenemos rutinas autodestructivas, y no podemos alejarnos de aquello que nos genera un padecimiento. La responsabilidad es en este sentido esencial para poder elegir y posibilitar cambios.

En los casos en que esa posibilidad de reflexión esté habilitada sería interesante pensar las próximas vacaciones como la posibilidad de dar espacio a las propias emociones y necesidades. Priorizando la expresión, la pausa, la receptividad y el disfrute desde un lugar lúdico que posibilite la intervención de aquello que a lo largo del año quizás no ha tenido lugar.

Las vacaciones de este tipo dependen de una posición propia, que elige y está dispuesta a dar valor y a cuidar su salud mental y emocional. Hacerse espacio y establecer un período vacacional de este tipo requiere de conciencia y de límites. Se puede gestionar incluso sin moverse del lugar en que se vive.

La idea es pensar en pasar esos días priorizando aquello que realmente posibilite una conexión emocional y un descanso de las preocupaciones cotidianas.

Algunas sugerencias: priorizar el contacto con la naturaleza, planes familiares que no impliquen la intervención de la tecnología, tiempo a solas, expresarse artística o creativamente, jugar, poder hacer un verdadero corte con las responsabilidades laborales, hacer aquellas cosas que siempre decimos que queremos hacer pero para las cuales «nunca encontramos el momento».

Permitirse un verdadero descanso es siempre un desafío en la sociedad actual, y dependerá mucho del propio registro emocional el poder distinguir qué es aquello que ayuda a proporcionar bienestar y qué no.

 

 

 

 

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