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Cómo educo a mi hijo

Publicado por Malena

Todo padre desea ante todo que sus hijos sean felices y para lograrlo tendrá que despojarse de toda intención de someterlo a su voluntad para que sea como él quiere; porque una persona feliz es la que puede desarrollar todo su potencial para sentirse plenamente realizado como ser único y distinto.

La educación o formación, incluye respetar la individualidad, que hace posible la realización personal; porque es la base sobre la que se construye la identidad tanto personal como profesional.

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Todo niño aprende de las actitudes y conductas que tengan sus padres y las personas significativas que lo rodean. No adquieren educación a partir de lo que ellos intenten transmitirles sobre lo que deben o no deben hacer, sino que aprenden de lo que ellos hacen; porque es el ejemplo de los padres lo que educa a los hijos.

La palabra educar significa guiar, conducir a los hijos desde que nacen y a lo largo de la infancia y de la adolescencia, tratando de extraer de cada hijo lo mejor de si mismo; porque su principal riqueza es su singularidad, el aporte personal esencial que la sociedad en que vive necesita.

Un niño se convierte en un adulto sano y equilibrado cuando tiene la oportunidad de desarrollarse en un medio familiar organizado y pacífico, donde se respetan los valores humanos y al prójimo y cuando los padres los aman y ejercen el rol de sostenerlos y protegerlos para que puedan crecer normalmente.

Los padres pueden tener expectativas con respecto a sus hijos y éstos pueden conocerlas pero deberán estar dispuestos a renunciar a ellas; porque serán opciones que tendrán en cuenta sólo sus habilidades y capacidades específicas y no alternativas que satisfagan deseos propios.

Los hijos no pueden cumplir con las asignaturas pendientes de los padres porque son personas diferentes que tendrán una vida y un destino propio.

Estas diferencias será las que lo distinguirán y en tanto sean debidamente aceptadas y debidamente canalizadas podrán trascender sus propios límites.

El verdadero amor filial se expresa respetando los sentimientos y las necesidades de los hijos, tratándolos como personas con el derecho de elegir su propio destino.

El amor a los hijos es el respeto, la protección, el afecto, la sinceridad y la comprensión; que es lo que todo hijo necesita para poder ser él mismo y para hacer lo mismo con sus propios hijos.

Un niño educado para elegir en libertad podrá ser un adulto libre, tener la capacidad de dar amor y poder transitar su camino sin culpas.

La influencia positiva de los padres es señalar el camino, no dirigirlo, reconociendo sus habilidades, haciéndolo sentir seguro de si mismo e incentivándolo para desarrollar una alta autoestima.

Educar a un hijo implica abandonar los valores relativos generacionales y tener la amplitud de criterio como para contemplar las posibilidades concretas de las generaciones futuras.

Requiere un salto generacional que exige despojarse de los condicionamientos y atreverse a ser libre.

Los hijos adquieren los valores de sus padres cuando éstos los aceptan y los valoran como son.

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