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Hermanos

Publicado por María Gómez

Quienes tenemos hermanos sabemos lo apasionante y desesperante que puede llegar a ser convivir con ellos. Seguramente, el sentimiento sea recíproco si les preguntáis a ellos cómo es compartir la vida con nosotros.

Para empezar, pesan más los beneficios que las desventajas de tener hermanos. Indudablemente, acelera el desarrollo social y promueve un entorno óptimo para el desarrollo cognitivo. No obstante, estos aspectos estarán fuertemente marcados por el ambiente familiar reinante fundamentalmente influido por los comportamientos de los padres entre sí y entre los progenitores y los hijos.

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Así, tanto en películas como en medios de comunicación hemos conocido casos en los que los hermanos mayores se ocupan de los pequeños en todos los sentidos (afectivo, cuidados de higiene y alimentación, académico, etc.) porque los padres no asumen sus responsabilidades paternales como debieran.

Sin llegar al extremo del párrafo anterior, algunos estudios apuntan que una existente despreocupación por parte de los progenitores conduce a una interrelación de apoyo y ayuda mutua en los hermanos en edad escolar.

Por el contrario, también hemos sido testigos de relaciones fraternales calificadas como hostiles debido a la descarada preferencia de un progenitor o ambos por un hermano en detrimento de otro. Los favoritismos hacia los hijos dejan huella y conmocionan el universo del hijo «ignorado». Paralelamente, actuando de este modo se estará alimentando la rivalidad y el desapego fraternal.

Destaca la percepción que tienen los hijo sobre el hermetismo para acceder a los padres con el fin de tratar temas emocionales importantes como problemas con los amigos o sexualidad, por ejemplo. Para estos asuntos, los hermanos pequeños acuden con mayor frecuencia a sus hermanos mayores puesto que creen que sus padre no están disponibles para desahogar aquello que les oprime o para ayudarle a resolver un problema concreto.

La comunicación que se establece con los hermanos puede ser tan íntima que sobrarían las palabras en cierta situaciones donde con una simple mirada se trasladan información en cuestión de segundos. En ocasiones, ni siquiera los padres son conscientes de esta conexión, además de que son excluidos de tal comunicación de manera explícita.

Los hermanos se influyen entre sí irremediablemente y el proceso de encajar en la familia y de que cada personalidad encuentre su sitio y su medio de expresión lleva años. Este trámite no está exento de conflictos y de épocas de frustración y distanciamiento. No obstante, una vez superada la adolescencia y la primera juventud en las que los roces son muy frecuentes, se produce un acercamiento psicológicamente hablando donde la relación fraternal se enriquece con la amistad y, por tanto, la relación pasará a un nivel superior y los lazos serán tan estrechos que se convertirán en compañeros de vida de por vida.

Saber que cuentas con un apoyo incondicional, que te brindará entrega absoluta, os convertirá en referentes mutuos. Ésto es un gran tesoro que requerirá cuidados constantes. Ahora bien, deberemos intentar no invadir el espacio personal del otro a todos los niveles y no creernos dueños de sus decisiones o de sus elecciones.

 

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