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Vínculo entre hermanos ¿Por qué es importante?

Publicado por Lic. Maria V.

El vínculo entre hermanos y hermanas reviste, desde el punto de vista psicológico, gran importancia.

Son conocidos los mitos y cuentos populares con hermanos como protagonistas. Desde Caín y Abel, Thor y Loki, hasta Hansel y Gretel y las pléyades griegas. La hermandad es un lazo muy fuerte y como tal, atravesado por emociones múltiples. Pueden fluctuar entre el amor y la admiración, y la competencia, la envidia y el resentimiento.

La hermandad, como todo vínculo, tiene que construirse. Hay hermanos y hermanas que no han logrado consolidar un vínculo, por las razones que sea. Y, en estos casos, tal vez mucho de lo que aquí describiremos no ocupe lugar en ese contexto. Sin embargo, incluso en ellos, podemos pensar que toda ruptura o distancia está afectada mismo por las conexiones inconscientes y la complejidad del vínculo.

Hablamos de un lazo que se genera sin elección mediante, al menos inicialmente. Se comparte la vida y se compite tempranamente por el amor de los padres. Los logros, los fracasos, la identidad de cada uno, la posición que ocupa dentro del entramado familiar tiene efectos directos sobre la realidad del otro.

Se comparten las bases de la crianza, las situaciones de desarrollo más primitivas, esas que son difíciles de explicar a otros. Los hermanos han experimentado aunque desde distintos lugares, situaciones muy similares. Forman parte de una red inconsciente que teje su historia con los mismos puntos, aunque agrupados de modo diferente.

Se comparte desde la genética y la biología, hasta aspectos psicológicos muy profundos. Con esta intensidad de vínculo la unión y la ruptura pueden ser iguales de profundas. Son muchas las emociones que intervienen, no sólo de manera consciente sino sobre todo mediante aspectos inconscientes.

Los hermanos comparten las bases más primitivas, sus orígenes, la herencia transgeneracional, además de todo el afluente del inconsciente colectivo. El punto clave con estos vínculos es por un lado, cómo diferenciarse, cómo elegir los distintos caminos individuales a partir de esa matriz familiar común. Y en otros casos, qué los une, y si hay algo lo suficientemente fuerte para que esos vínculos se perpetúen.

Son incontables las historias de hermanos que se apoyan mutuamente, que construyen una red de sostén allí donde las figuras parentales flaquearon. Y también son frecuentes las historias de discordia, las rupturas cargadas de resentimiento. 

La hermandad sólo puede sostenerse en un vínculo sano si ambas partes están dispuestas. Forzar el vínculo con un hermano o hermana que no muestra ninguna intención en corresponderlo, es igual de dañino que hacerlo con cualquier otra persona.

De darse la posibilidad, el vínculo de hermanos puede permitirle a ambos individuos trabajar aspectos propios, y, en muchos casos, sanar subjetivamente. Las vivencias de cada uno aportan a un panorama más integral sobre el pasado vivido, ayudan a repensar, intercambiar y construir juntos nuevas formas creativas de ser, a partir de lo experimentado.

Puede ser un vínculo enriquecedor si se trascienden las sombras que con frecuencia proyectamos en ellos. La hermandad puede ser un lazo firme y un acompañamiento incondicional con un entendimiento mutuo que trascienda lo imaginable. Sino, vale observar las aventuras que hermanos y hermanas atraviesan en la literatura, en los mitos y en los cuentos populares.

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