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¿Por qué cuidar de un animal o una planta puede transformarse en un vínculo terapéutico?

Publicado por María Fay

La capacidad de cuidar de otro es una facultad que puede transformarse en un recurso terapéutico.

Y el concepto abarca gran amplitud, no solamente entre seres humanos. El cuidado de otro Ser vivo, como un animal o una planta posee gran impacto en la psicología de quien lo lleva a cabo.

No por nada, el desarrollo de huertas, y las Terapias asistidas con animales no dejan de instalarse cada vez más como recurso terapéutico.

En primera instancia, no cualquier persona está preparada para cuidar. Este acto implica un relativo abandono narcisista. Es un movimiento que impulsa la libido hacia ese ser y que, parcialmente, se sustrae del Yo.

En ciertos casos este sutil movimiento no puede ser realizado. Ya sea por una situación puntual, de crisis o enfermedad, o simplemente por ser así la estructura yoica de ese sujeto, donde el narcisismo es muy fuerte y no puede orientarse energía para estos fines.

Hay casos, contrariamente a este ejemplo anterior, en donde la persona no puede estar sin cuidar ni ocuparse de otros, descuidándose en alto grado a sí mismo. Y esto tampoco es esperable.

Lo recomendable implica cierto grado de equilibrio, donde el cuidado propio posibilite en algún momento el cuidado de otro.

El cuidado de un Ser vivo de otra especie, es en particular a lo que haremos referencia aquí.

Y justamente porque sus características son distintas a las nuestras, implica de parte del humano una adaptación, a un lenguaje, a códigos y comportamientos que nos son ajenos.

Y, a la vez, en el caso del animal doméstico, sus conductas, atravesadas por la lógica del lenguaje humano, se transforman. Perdiendo su carácter salvaje y gran parte de su instinto.

Se lleva a cabo entonces, una adaptación de ambas especies en convivencia. O al menos así debería ser. Pretender anular lo propio de la especie animal, humanizándolo y no respetando sus códigos, implica una mala práctica del ejercicio de este vínculo.

Justamente el hecho de convivir con un ser de otra especie, potencia la capacidad humana de adaptación y nos ubica en un sistema vincular que nos despega del antropocentrismo tan frecuente en el pensamiento de muchos. Donde el ser humano se considera lo único importante, dejando de lado o minimizando la importancia de la existencia de otras especies.

El concepto de Cuidar, en todos los momentos de la vida pero fundamentalmente en casos de soledad, viudez,  personas con necesidades y capacidades especiales, personas en transcurso de enfermedades, en personas mayores, y  en niños, posibilita un gran aprendizaje, y ayuda a desarrollar y afianzar funciones psíquicas.

En casos de soledad, de transición de duelos, por ejemplo, el recurso de plantar y cuidar de una planta o el cuidado de un animal, posibilita la tramitación de ese duelo de mejor manera. Si bien, como se dijo anteriormente, en algunos casos, de extrema depresión por ejemplo, o de gran angustia, esto no es posible, en los casos en que sí lo sea, beneficia el proceso psicológico en curso, y aún más, en muchos casos, es el recurso fundamental que mitiga el dolor o sostiene al sujeto en etapa de soledad y abandono.

En personas de tercera edad o vejez, es notable la frecuencia en la que los animales se transforman en el vínculo mas allegado del sujeto, proporcionándole en muchísimos casos, una razón para continuar día a día, una conexión con la vida y una motivación.

En estos casos, el hecho de convivir con un ser vivo que requiere de atención y cuidados, ayuda a quienes se ven invadidos por un sentimiento de inutilidad, a quienes han perdido sus lazos afectivos y quienes encuentran que no pueden llevar a cabo muchas de las tareas que realizaban anteriormente.

En los niños, cuidar y vincularse con un animal, les ayuda a perder el miedo a aquello que es diferente, a observar el crecimiento y la evolución de un ser vivo, y la conexión afectiva que se puede tener con él.

Además, pueden explorar lo que significa cuidar y dedicarle tiempo a otro, y observar como el animal lo retribuye con cariño y fidelidad. Con estas simples cosas, los niños aprenden cuestiones vinculares básicas, y los ayuda a insertarse socialmente de mejor modo.

Además, en los casos en que deben pasar por la pérdida del animal, les ayuda a aprender de la muerte, a realizar un duelo y a entender el ciclo de la vida. Este aprendizaje no es menor, y son experiencias que ayudan al sujeto en su desarrollo.

De la misma manera sembrar, observar el crecimiento, el cuidado de una planta y el trabajo necesario para que eso suceda, o lo que ocurre cuando no se la cuida lo suficiente, resulta ser una metáfora de muchas, sino todas, las cuestiones de la vida.

Además, posibilita una conexión con la Tierra, con la naturaleza, y nos ayuda a entendernos como parte de un todo que requiere de nuestra concientización.

Es importante tener en cuenta que el cuidado de un animal o una planta siempre implica en alto grado la conciencia y la adaptación del ser humano.

El animal no debe adaptarse en su totalidad y ser un mero objeto de uso por parte del humano para su supervivencia, se trata de un desarrollo vincular, donde ambos deben adaptarse a las necesidades del otro.  

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