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Movimiento espontáneo como recurso terapéutico.

Publicado por Lic. Maria V.

El movimiento espontáneo es todo aquel que, en principio, es libre, creativo, auténtico. Es decir, que no obedece a una planificación previa, ni a una moda, ni a un estilo específico de baile o de movimiento.

Es registrar el cuerpo y permitirle que se exprese sin condicionamientos. Por esto, mismo, es una práctica que permite la expresión de aspectos inconscientes, y habilita a la vez la posibilidad de concientizarlos e integrarlos. Implica al cuerpo como comunicador, como canal,  como entidad sensible y expresiva que sabe intuitivamente y por sí mismo lo que quiere expresar. Sólo tenemos que dejarlo, intentando condicionarlo lo menos posible.

Podemos pensar que en el día a día son muchos los movimientos y las posiciones corporales que están automatizadas. Sentarse y escribir en una computadora, como lo estoy haciendo en este preciso momento, es una posición en la que la mayoría de las personas pasan la mayor parte de su día.

¿Cuándo le permitimos al cuerpo expresarse libremente, sin cuidarnos de la imagen que mostramos? ¿sin sentir que estamos haciendo el ridículo? ¿Cuántas veces logramos priorizar un detenimiento de las exigencias diarias para registrar el cuerpo, respirar y permitir este tipo de expresión?

A lo largo de la evolución los seres humanos fueron priorizando los movimientos y estructuras corporales que cumplían alguna función importante en la adaptación. Hoy más que nunca y con el sistema capitalista, se valoran y exigen las posiciones y movimientos que se consideran productivos. Todo aquello que no se considera productivo se anula, se esconde o se juzga.

Hay movimientos, de hecho, que nunca hacemos. Quienes hacen yoga saben perfectamente que en esta disciplina se trabajan músculos que, de otra forma, nunca se pondrían en movimiento. Como seres humanos, nos homogeneizamos de tal forma que todos y todas en gran medida reproducimos los mismos movimientos corporales cotidianamente.

Foucault hablaba en este sentido del concepto de Cuerpos Dóciles en Vigilar y Castigar, definiéndolo como: cuerpos que son manipulados por un mecanismo de poder que establece normas corporales para orientar el actuar de los individuos a favor de fines útiles.

Por esto mismo, la forma en la que nos movemos también es funcional a una sistema que demanda constantemente productividad.

El movimiento espontáneo implica poder salirse de esos patrones, permitiendo al cuerpo expresarse libremente mediante movimientos, que no buscan una utilidad o productividad determinada, con todo el valor que esto implica. Son movimientos que nos permiten corrernos de la imagen que mostramos socialmente, y nos ofrecen un espacio de juego y exploración en donde el cuerpo aparece como nexo entre el medio y nosotros mismos, ofreciéndonos simultáneamente material para conocer un poco más acerca de nuestra psique y nuestras capacidades expresivas.

Practicar el movimiento espontáneo puede ser tan sencillo como poner una música que sea de nuestro agrado, o simplemente en silencio, y observar qué movimientos nos surgen. Inicialmente puede ser una tarea difícil y, a veces, hay que superar serias resistencias. Pero posteriormente, en el mejor de los casos, se llegará a conectar con el cuerpo de una forma en la que sentiremos que surge de él una necesidad expresiva. Que hay una parte u otra que necesita moverse de cierto modo, y es esto lo que habilitamos con el movimiento espontáneo.

Conocer esta práctica o vivenciarla frecuentemente aporta beneficios incontables desde el punto de vista terapéutico y creativo, una suerte de meditación que nos permite conectarnos con aspectos profundos y potencialmente acceder a ellos para trabajarlos en un segundo momento.

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