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El Cine como recurso Psicoterapéutico.

Publicado por Lic. Maria V.

Continuando con la temática del Cine iniciada previamente, en este artículo nos propondremos observar la función específicamente terapéutica del Cine.

Ya sabemos que el Cine nos muestra, en esencia, características que compartimos como Humanidad: Arquetipos, Símbolos, modos de ser y pensar.

El Cine es una forma de expresión, de conflictos, vivencias, dudas y cuestionamientos humanos, y como tal, funciona como espejo. Permite que nos reflejemos en él. Ahora, ¿Cuáles de estas cualidades nos pueden permitir desarrollar herramientas «terapéuticas»?

El filósofo Alain de Botton, en su libro El Arte como Terapia, desarrolla las funciones que el Arte cumple y debería cumplir más extensamente respecto de las necesidades de la Humanidad. Segun él, el Arte nos ayuda a: Recordar, a desarrollar la Esperanza, a sentir la Tristeza en consonancia con otros, a propiciar el Reequilibrio, fomenta el Autoconocimiento, permite el Crecimiento y colabora a desarrollar la capacidad de Apreciación, entre muchas otras.

Así, y como parte del movimiento artístico, el Cine posee funciones que nos pueden ayudar a resolver conflictos propios.

Todos hemos experimentado alguna vez la sensación, luego de ver una película, de haber descubierto o conocido una nueva forma de encarar o resolver un problema, o hemos visto reflejadas situaciones por las que transitamos y observado cómo sus personajes las afrontaron.

El cine nos permite ampliar el conocimiento que tenemos de nuestras situaciones y nos permite ver otras formas posibles. En este sentido, aporta desde un lugar creativo, posibilitando observar nuestras vivencias desde otra óptica y conocer otros modos de hacer, sentir y pensar.

Nos permite relativizar nuestra experiencia y colocarla en consonancia con lo social. La experiencia, al ser asociada con otra similar, forma parte de un todo, deja de ser considerada como única y aislada, transmitiéndonos la sensación de «ser parte», de que lo que nos ocurre es vivido también por otros, más allá de nuestras diferencias.

Las películas nos permiten conectarnos con la fantasía. La construcción de historias: la narrativa y la creatividad que propone el Cine nos permite desarrollar la propia, ampliando ademas la información que tenemos sobre los otros: las culturas, las generaciones y los mensajes que se transmiten socialmente. Nos provee de información interpersonal, intrapsíquica, lingüística y visuoespacial.

Este conocimiento nos posibilitaría, a la vez que sentir que la experiencia propia de algún modo es compartida,  diferenciar.

En ese paralelo que se crea psicológicamente, podemos discernir entre esos mensajes sociales y esa historia que observamos, y la nuestra.

Tanto el recurso de sentirnos parte como el de diferenciar, separar lo propio de lo ajeno, incluso separarnos de mandatos sociales que no queremos perpetuar; son recursos sumamente interesantes que el cine fomenta y pone a nuestra disposición.

Es una herramienta, cada vez utilizada en mayor medida por los psicólogos, como modo de ayudar de un modo creativo a desarrollar la empatía, las habilidades sociales y comunicacionales. Y, al mismo tiempo, fomentar la capacidad de reflexión sobre las vivencias propias y ajenas.

Ver las películas adecuadas, más aún si se recomiendan y se trabajan desde un marco terapéutico, nos conecta con otras historias y nos permite concientizar aspectos de las propias.

Generar espacios de cine debate, donde las películas sean compartidas y pensadas con otros nos hace evolucionar, estando más en contacto  con aspectos sociales y culturales, ayudándonos a formar una visión crítica y analítica frente a la vida.