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¡Vamos al cine! o Filmoterapia

Publicado por María Gómez

A todo el mundo le entusiasma la idea de pasar una velada de invierno yaciendo confortablemente en el sofá para disfrutar de una buena película. Ir al cine es una afición colectivamente compartida generación tras generación. Recuerda las veces que has comentado el argumento, la trama, los personales o el mensaje que pretende trasladar el directo de un film, con los amigos o con la familia. Seguramente, te falten dedos en las manos para hacer el recuento.

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Bien, pues te invitamos a que sigas con el mismo ejercicio pero buscando el trasfondo psicológico en el cine. En efecto, cine y psicología convergen inexorablemente. Descubrirás que tus películas favoritas esconden un asunto relacionado con un trastorno de personalidad, con las dificultades en el aprendizaje, con una depresión o con cualquier afección de índole psicológica.

De la misma manera, se han rodado producciones basadas en la solidaridad, el afán de superación, la tolerancia, el racismo o la violencia, por nombrar algunos temas. Todos ellos susceptibles de ser valorados bajo una perspectiva psicológica.

Así pues, no vamos a desvelar aquí la fundamentación de una lista de películas. Preferimos incitar al lector a llevar a cabo esa investigación, avisando, de antemano, que puede crear adicción. Nuestra intención no es otra que animar a educadores, profesionales o no, a utilizar (bien) el cine como un componente más del proceso educativo, sirviendo , en ocasiones, como modelo de consecuencias, y, de conducta, en otras. Usándolo como herramienta de reflexión y análisis, puede resultar tremendamente útil para actuar sobre situaciones problemáticas o temores. Igual de interesante es seleccionar la película adecuada para cambiar la perspectiva vital de alguien que necesita marcar un punto de inflexión importante.

El binomio cine-psicología también aparece a la inversa: el cine participa como un elemento más en la terapia. De hecho, existe una rama en intervención psicológica denominada «Filmoterapia» que defiende los beneficios terapeúticos del cine. Adoptando una concepción revitalizante, el cine nos invita a la relajación, a la desconexión mediante el descanso mental. Otros sostienen la noción catártica en tanto en cuanto podemos sentirnos reflejados con algún personaje y sus circunstancias llevándonos a conocer las consecuencias sin tener que sufrirlas en primera persona. Se propone, también, el visionado de una buena película como fuente de creatividad, de ideas, de base que nos impulse a trabajar para conseguir algo que llevamos tiempo deseando tener o hacer.

Por último, no queremos dejar de darle el énfasis que merece a la función de entretenimiento del cine. Nuestras expectativas al inicio de una película es pasarlo bien, divertirnos, y así debe ser. Mantener un espíritu abierto al aprendizaje y a sensaciones sería la premisa básica para una correcta actitud hacia el cine. Todas las películas, incluso la más desastrosa a tu criterio, nos enseñan algo, aunque se limiten a darnos cuenta de aquello que no nos gusta, o del estilo de cine que no consumiremos.

Por tanto, la selección de películas debe ser realizada cuidadosamente, teniendo en cuenta el objetivo a alcanzar, el receptor y sus circunstancias personales y psicológicas, y elaborar un plan de actuación detallado y exhaustivo para sacar el máximo rendimiento a los 90 minutos.

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