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El delirio

Publicado por Betina Ganim

Clásicamente, sabemos que la fenomenología de la psicosis está circunscrita a dos fenómenos elementales: las alucinaciones y los delirios.

Y digo y aclaro, «clásicamente», porque como ya he hecho mención en otros artículos, en la actualidad nos encontramos con fenómenos que no se pueden ubicar dentro de esta fenomenología.

delirio

Ahora bien, también me he referido a toda la clínica de la psicosis que se basa en la primera enseñanza de Lacan, atravesada pro el Significante del Nombre del padre y la metáfora paterna.

En este sentido, respecto del delirio sabemos que identifica al psicótico en relación con ciertos significantes en el cuadro de una reconstrucción de significaciones, lo que lleva al sujeto psicótico a una cierta pacificación.

¿Qué sucedió en el momento del desendadenamiento? Mínimamente, el sujeto recibió del exterior una significación enigmática, bajo la forma de una voz, de un fenómeno imperativo o algo del orden de lo que los psiquiatras llaman una «significación enigmática».

Esta irrupción del significante en lo real es la consecuencia directa de la forclusión del Nombre del Padre.

Pero enseguida tiene un segundo efecto: la destrucción de las relaciones imaginarias con el mundo y con el cuerpo. La disolución imaginaria toam formas diferentes.

En la esquizofrenia, toca la imagen del cuerpo, de ahí su despedazamiento.

En la paranoia, toca la relación del sujeto con las significaciorones del mundo que lo rodea.

En la melancolía son las relaciones del sujeto a la existencia misma de su cuerpo.

El delirio tiene como una primera función, recontruir, con la cadena significante, la cadena de significaciones del mundo, sobre el mundo, del tipo «hay una explicación a todo esto que está pasando». En segundo lugar, cumple el delirio la función de asegurar al sujeto cierta identificación con el lugar que le da en el mundo.

Es el tipo del delirio, su sistematización o no, el que en psiquiatría hace a la distinción entre esquizofrenia y paranoia. Pero aunque en la esquizofrenia el delirio es poco elaborado, determina de todas maneras una cierta pacificación en las relaciones del sujeto con el mundo.

Una metáfora delirante, aunque incluso bastante limitada, puede sostener las identificaciones que funcionan como significación respecto del mundo.

Tenemos con Freud y su historial del Presidente Schreber, que una metáfora delirante se confirma cuando está presente de forma útil. De todas maneras, sigue siendo una sustitución fallada de la metáfora paterna.

Fallada porque tiene consecuencias pesadas para el sujeto: es insuficiente para esbilizarlo completamente, e implica a veces consecuencias relaes, por ejemplo, un cambio de sexo (como el transexualismo)

Lacan avanza en su obra y habla de la cuestión de la suplencia en las psicosis, encontrando una escritura de todo esto en el nudo borromeo, que le sirve al mismo tiempo para reinventar el Nombre del Padre. En el nudo borromeo, es el anudamiento mismo, es el hecho mismo que esto se sostiene, dirá Lacan.

Pero esta abordaje es mucho más complejo y se necesita de otro artículo para aunque sea, un mínimo abordaje.

En un próximo post hablaré de la suplencia en la psicosis desde el último Lacan.

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