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El yo siempre es víctima

Publicado por Betina Ganim


El narcisismo, dice Miller va a la «Causa perdida». Esta es una de las modalidades de la ley del corazón que es estructural al yo. El narcisismo, ese que escribimos yo=yo, implica el orden del mundo como Otro, Otro con mayúsculas, y que éste sea el «triunfador». No solo porque ese Otro es más fuerte, sino porque al golpearlo, me golpeo a mí mismo. Si me identifico con mi yo (yo=yo) estoy destinado a ser ese tipo de víctima. Sería la ley de la ley del corazón. Debo recordar en este punto, y es por eso que los remito al post anterior, la diferencia que Miller destaca entre la figura de la locura hegeliana (la ley del corazón) y la figura del «alma bella». Incluso Miller dice que Lacan a veces ha abusado de la similitud que existe entre ambas figuras, y que él se encarga de distinguir. Ese tipo de víctima, dice Miller sería del tipo que uno terminará víctima si se la cree cuando ocupa esa función, su destino ya está escrito.

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Jacques Lacan, por su parte, había aludido ya a este narcisismo en su escrito «Acerca de la causalidad psíquica», cuando se refiere a Luis II de Baviera. Da el ejemplo de esas personas que tienen la función en el mundo de ser víctimas, víctimas elegidas, por cierto. Y Miller dice que pensar que se debe encarnar una función, lleva a la victimización.

Para dar otro ejemplo, Miller recurre a la rabia de Alcestes (enamorado de Celimena) frente a Orontes, uno de los tantos pretendientes de Celimena en la obra de Molière, «El misántropo». Lacan, en su análisis de esta escena, destaca esa delicia que el personaje sentía en los golpes propinados, que le volvía con como contragolpe -si seguimos la línea de lo que viene planteando Miller en relación a ese narcisismo yo=yo.

El personaje de esta obra, Alcestes da cuenta de algo que podemos ubicar como dE validez general, si se quiere. Y es que se trata de una demostración que se hace ante todos, de la unicidad del yo. Claro, tiene que pagarse un precio por ello…Lacan lo indica en este análisis que hace de la obra. ¿Cuál es el precio que debe pagar el yo por tal unicidad?: el aislamiento d ella víctima. En este aspecto, ese «yo=yo» encuentra siempre su verdugo en el Otro, en ese Otro que es el mundo, al que se opone golpeándolo, y en el mismo movimiento, «golpearse así mismo».

Aquí, entonces, podemos decir que hay una ley: «la ley de la victimización inevitable del yo».

ESTO NO ES EL ALMA BELLA, reitera e insiste Miller. Porque el «alma bella» prefiere la posición bloqueada; el alma bella no hace nada, solo se contempla a sí misma. Es por eso que Hegel habla allí de desvanecimiento, de desaparición… Ya sabemos que Lacan retoma esta cuestión respecto de Dora, del sujeto histérico.

Pero con la ley del corazón se trata de otra cosa: hay un movimiento hacia al Otro que le retorna sobre sí mismo: el yo siempre es víctima.

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