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Pulsión y Goce

Publicado por Betina Ganim

En el post pasado les comentaba que los sucesores de Freud no se pusieron para nada de acuerdo en cuanto a la oposición que estableció Freud al final de su obra sobre la mitología pulsional, a saber, la oposición entre las pulsiones de vida (Eros) y las pulsiones de muerte (Tánatos)

Miller rescata dos, dejando esta vez de lado a Melanie Klein para ir a otro posfreduiano: Heinz Hartmann. Lo que ha hecho este posfreudiano con aquella oposición es biologizarla aún más, reduciendo la pulsión de muerte a la «agresión»; reducir las pulsiones de muerte a pulsiones agresivas. Asimismo, construyó Hartmann (en colaboración con Lowesntein y Kris) un método de cómo funcionan las pulsiones agresivas, basándose en las pulsiones sexuales. Tomaron de Freud la libido, las pulsiones sexuales y tomando algunas notas y citas de Freud, armaron una teoría sobre las pulsiones agresivas (que noe staba para nada en Freud)

Mientras que en Lacan encontramos otro tipo de respuesta, en la unificación de las pulsiones sexuales y als pulsiones de muerte en lo que llamó «goce» (jouissance)

Es así que «goce» en Lacan es esta unificación pulsional. Esto no quiere decir que Lacan haya desconocido tal oposición, esa lucha entre pulisones; sino que se produce (con el concepto de goce) un desplazamiento de esa oposición (externa=) en una lucha interna. Esa lucha interna en términos antinómicos, es interna al goce mismo. Es eso que experimentamos como dolor, insatosfacción, lo que molesta e incomoda y que se lleva a análisis por ejemplo.

Lo que Lacan «inventa» con este concepto de «goce» es un nuevo tipo de satisfacción, podemos decir. Una satisfacción que sin embargo entraña en sí misma su reverso.

Al mismo tiempo, Lacan ha inventado un tipo de objeto nuevo, que llamó objeto a.

En Freud, el objeto de la pulsión puede ser cualquiera, y en lo que hace al destino pulsional aunque pueda ser inhibido, obtiene sin embargo su satisfacción-

Lacan concluye más simplemente que el fin de la pulsión es la satisfacción, su verdadero objeto es la satisfacción (no es el medio para obtenerla) Eso Lacan lo llamó objeto a: la satisfacción pulsional como objeto.

Y Lacan no va con esto mucho más allá de Freud, en el sentido de que Freud mismo distinguió en lo que hace a la pulsión, una meta externa y una meta interna. Esta última es la le sirvió a Lacan para dar cuenta del objeto a.

El objeto de amor y el objeto de la pulsión no tienen nada que ver, en tanto, y en principio el objeto de amor no es un objeto; es más bien una historia, una novela que da cuenta de que lo ue hay en juego son «condiciones de amor». En Freud tenemos su Contribución a la psicología del amor (de la que les he hablado en algún post de este blog, así que los convoco a revisarlo)

El amor freudiano es amor en tanto deseo sexual: Liebe. Y es eso justamente lo que le permitió a Freud oponer amor y deseo.

Lacan habla más bien de fantasma, pero me detendré aquí hoy y continuaré la próxima con esta cuestión.

FUENTE: MILLER, J-A. «El método psicoanalítico»

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