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El Amor al Trabajo

Publicado por Malena

El trabajo satisface la necesidad del hombre de realizarse personalmente y de participar en la sociedad en que vive. El hombre no Es lo que hace pero si debe hacer lo que Es.

Recién cuando una persona ha resuelto el problema de autoridad que tenía con sus padres y no necesita trasladar ese conflicto a todas las figuras de autoridad que deba respetar en su trabajo, está en condiciones de aportar lo máximo de si mismo en su ámbito laboral.

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No bastan los conocimientos y las habilidades si las personas continúan resistiéndose a las jerarquías, permanecen con una actitud irreverente y no están dispuestas a reconocerlas ni renuncian a viejos resentimientos y rencores del pasado.

La energía individual se malgasta en la inconsciente e inacabada lucha contra los padres, simbolizados en todos los que ejercen funciones jerárquicas, sin poder discriminar la necesidad de las diferentes responsabilidades que les corresponden.

Empezar a trabajar desde abajo en una empresa de una sociedad compleja competitiva, es ineludible aunque se cuente con títulos universitarios; porque es la mejor forma de conocer todos los niveles y estar en condiciones en el futuro de asumir eventualmente con eficacia, puestos de liderazgo.

Lo más importante en un trabajo es hacer lo que a uno le gusta, según muestran las encuestas realizadas sobre las motivaciones que prevalecen a la hora de conseguir un empleo; porque esta condición es garantía de estabilidad y brinda mayores posibilidades de progreso.

A su vez, las empresas que desean prosperar, cuidan sus recursos humanos, porque saben que es uno de los pilares del éxito.

En los Estados Unidos se reparten por día infinidad de folletos publicitarios y se hace todo tipo de envío por correo; y para realizar esta tarea existen varias empresas.

Su personal utiliza vehículos eléctricos para la distribución de la correspondencia, colaborando con el mantenimiento del medio ambiente.

Una de esas empresas de correo privado, contrató recientemente a un conocido y hábil adiestrador de animales para enseñarles a los empleados encargados de repartir correspondencia, a protegerse de los continuos ataques de los perros de sus clientes.

Los empleados recibieron con beneplácito la idea ya que les permitía aprender técnicas eficaces para tratar a estos animales y eventualmente defenderse de ellos en la forma adecuada, si fuera necesario, para evitar resultar lesionados.

Estos empleados se sentían plenamente identificados con la empresa, como si fuera de ellos y ninguno se quejaba de su trabajo; a pesar de haber tenido muchos inconvenientes con los perros en sus recorridas y de ser una tarea supuestamente monótona y rutinaria.

Decían que disfrutaban del aire libre todos los días, tenían la posibilidad de hacer ejercicio, y la oportunidad de conocer gente y de relacionarse con sus clientes habituales.

Sin embargo, el trabajo, que debería ser fuente de satisfacción y realización personal, se puede transformar en un motivo de permanente conflicto, cuando obliga a los trabajadores a defender luchas sindicales, promovidas por dirigentes que se disputan el poder, obligándolos a vivir en un perpetuo reclamo, que se convierte en fuente de estrés, estancamiento, pérdidas económicas y agudo malestar.

La función de los dirigentes de las organizaciones sindicales debería ser negociar pacíficamente los intereses de los trabajadores con los responsables de las empresas, tratando de conciliar posiciones para llegar a un acuerdo; y no ocuparse de su posición como sindicalistas.

Por otra parte, trasladar el conflicto a otros ámbitos para intentar hacerse escuchar utilizando la extorsión, no es una actitud negociadora ni conciliadora sino que representa una fuente de antagonismos irreconciliables. Porque negociar significa estar dispuesto en parte a ceder.

Es un enfrentamiento que convierte en cómplices involuntarios a los atribulados ciudadanos que son los que sufren las consecuencias de esos conflictos.

Del mismo modo, solidarizarse con los problemas que atañen a supuestas víctimas de despidos, suspensiones o descuentos en sus haberes por faltar al trabajo, sin conocer a fondo el tema, agrava las cosas y obstaculiza las actividades de las demás personas, sin reportar ninguna solución.

Cada grupo humano que comparte actividades, debe asumir su propia responsabilidad, porque el derecho propio termina cuando comienza el de los demás y es inmoral conseguir beneficios a costa de otros.

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