Psicología

El Despido

Publicado por Malena

Jamás será bienvenido un despido

Vivimos en una época inestable. Aunque sabemos que la vida es cambio y crecimiento, nos gusta aquerenciarnos, y nos satisface la permanencia.

Todos pretenden en el fondo acomodarse en el complicado juego de la vida, orgullosos de haber conseguido por fin un lugar digno para sobrevivir, viendo pasar a los demás intentando hacer lo mismo.

El Despido

Por alguna razón que trasciende el entendimiento, de pronto, alguien les arrebata la tranquilidad, y los despiden del trabajo al que se habían acostumbrado y que mantuvieron durante muchos años y cambia abruptamente el destino.

Está comprobado que esta circunstancia es una de las más devastadoras experiencias que más producen estrés y que además pueden llegar a hundir en el profundo abismo de la depresión.

Existen muchos motivos para que se produzca un despido. Los problemas financieros de las empresas pueden acarrear un despido masivo si la única opción es la quiebra y el fin de sus actividades.

Esta situación, aunque dura y difícil, puede afectar la economía de la gente pero no tanto su autoestima.

Si se trata de una reducción de personal, siempre el hilo se corta por lo más delgado y los afectados generalmente son los empleados más nuevos, los que no tienen cargas de familia, y todos aquellos que están en la cuerda floja, cuyos desempeños no son considerados de eficacia para la empresa.

En este último caso es cuando por lo general una persona puede sentirse afectada en su autoestima si lo despiden.

Cuando sucede algo alrededor que puede ser perjudicial y puede alterar la vida, la tendencia es sentirse culpable.

La culpa no cambia nada, al contrario, nos hace retroceder al pasado y repetir conductas viejas que ya no nos sirven.

Somos nosotros y nuestras circunstancias y no podemos asumir la total responsabilidad de todo lo que pasa; y muchas veces, un hecho que parece fortuito o producto de la mala suerte se puede convertir en el impulso que justamente necesitamos para despegar.

Hay personas que no les gusta lo que hacen pero lo siguen haciendo durante años. Se sienten mal, aburridos, depresivos y desganados y ese estado de ánimo influye en su desempeño y disminuye su rendimiento.

Son los empleados burócratas, que se limitan a cumplir un horario, que están siempre mirando el reloj esperando la hora para almorzar o para irse a su casa y que no se comprometen con su trabajo.

Sentirse culpable y caer en una depresión por haber sido despedido no soluciona nada, por el contrario, nos lleva barranca abajo.

La gente no se da cuenta que inconscientemente es ella misma la que provoca los acontecimientos con su decisiones erróneas, que son las que los conducen a vivir las experiencias dolorosas que lamentablemente necesitan para cambiar, porque de otra manera no se atreven.

Hay de todo para todos y si aprendemos a conocernos siempre está disponible el lugar para nosotros esperándonos.

La actitud más fácil es la de bajar los brazos y declararse vencido antes de enfrentar los hechos; y el primer paso es liberarse de los prejuicios porque todos los trabajos son dignos.

En otras épocas, cuando los empleados desarrollaban toda su vida laboral en una sola empresa, un despido podía resultar muy difícil de superar, porque resultaba inconcebible perder el empleo; pero actualmente la gente emprendedora y optimista, administra sus propias carreras y no se condiciona a un trabajo si no se siente satisfecho y si advierte que tiene mejores posibilidades en otro lado.

En toda sociedad compleja es importante estar capacitado para trabajar y se puede elegir la tarea que sea más adecuada al perfil de cada uno, ya que las opciones que existen son muchas.

Nadie tiene la vaca atada y cualquiera puede perder su status social en cualquier momento. El que tiene un trabajo en relación de dependencia tiene que estar preparado para enfrentar contingencias en un mundo que cambia velozmente y tiene que estar dispuesto a dar lo mejor de si mismo.

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