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Compradores compulsivos II

Publicado por Malena

El comprador compulsivo es la persona que tiene el deseo irresistible de poseer todo lo que ve y desea, es la que necesita darse el gusto teniéndolo todo y ansía siempre lo que cree que le falta. Pero detrás de las compras compulsivas existen carencias mucho más profundas.

Este afán de tenerlo todo, puede ocultar un gran dolor interno que no ha sido expresado en su momento, a veces muy antiguo y otras no tanto. Una carencia afectiva, una herida narcisista, un complejo de inferioridad, una necesidad no satisfecha y una baja autoestima que pretende incrementarse teniendo cosas. Algunas mujeres compran en forma compulsiva para vengarse de las ofensas de sus maridos.

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El cliente compulsivo es el comprador ideal para un vendedor, porque sabe que aunque no encuentre lo que busca, podrá convencerlo con facilidad para que se lleve otra cosa. Cosas que tal vez no necesita ni llegará a usar nunca, pero que le brindan la posibilidad, por un breve momento, de sentirse satisfecho y completo.

Los compradores compulsivos sienten que las cosas son parte de él mismo, agrandan su identidad, que tiende a debilitarse o desaparecer sin ellas.

Aunque no tengan dinero, compran a crédito, usan la tarjeta, se endeudan, piden prestado y siempre gastan más de lo que pueden. No viven el presente, sino el futuro, porque piensan que cuando tengan lo que desean recién van a poder ser felices y sólo los hace sentir plenos pensar en las cosas que pueden llegar a poseer.

Son los eternos insatisfechos que no viven el hoy sino el mañana.

El comprador compulsivo está aburrido, proyecta su aburrimiento hacia afuera y trata de cambiar su estado de ánimo incrementando sus pertenencias. No se da cuenta que no se aburren de sus circunstancias sino de ellos mismos. Porque carecen de vida espiritual, no tienen interés en su crecimiento personal ni proyecto de vida.

El que no puede resistir la necesidad de comprar no puede postergar, porque no disfruta de los procesos sino solamente de los resultados. Son personas que se resisten a avanzar y no se dan cuenta que sólo viviendo los procesos se aprende a crecer y madurar.

Si la persona se lo propone puede salir de esa situación que no puede controlar y en lugar de dedicarse a comprar, elegir otra forma de resolver sus carencias emocionales haciendo otra cosa que le reporte un beneficio duradero y más trascendente.

Tienen que preguntarse qué es lo que hacían antes de convertirse en máquinas compradoras, recordar aquello que les resultaba placentero y que podían disfrutar tanto o más que su hábito de comprar.

Tendrán que volver hacia atrás en el tiempo y recrear las vivencias que no incluían poseer cosas para que pudieran sentirse felices y completos.

Hacer gimnasia, bailar, dedicarse a algún deporte, cocinar, cuidar el jardín, estudiar, leer, o cultivar amistades; y pensar siempre en positivo, ayuda a cambiar. Porque el optimismo crea energía positiva y significa tener esperanza, mientras el pesimismo sumerge en la desesperanza y en la desesperación y provoca la búsqueda de recursos neuróticos para defenderse.

Podemos influir positivamente en nosotros y en los demás, siendo optimistas y racionales, aceptando vivir en un mundo ambivalente, donde el ser no es el tener; es encontrarse a uno mismo y buscar el sentido de la vida y la oportunidad de realizarse.

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